Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.74
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Movió la cabeza y de pronto llegó ante una puertecilla. Sin grandes esperanzas, la empujó también, pero con gran sorpresa por su parte, cedió del todo porque sólo estaba entornada.
-Aquí hay un poco de descuido -se dijo.
Y entró, cerrando suavemente la puerta a su espalda. Viose en un sendero que avanzaba por entre un grupo de arbustos. Lo siguió en un sinuoso camino, y de repente, cuando menos lo esperaba, descubrió una curva rápida para salir a un espacio abierto e inmediato a la casa. La noche estaba alumbrada por la luna, de modo que Bobby, antes de darse cuenta de ello, viose iluminado por la luz del satélite.
En el mismo instante, una figura femenina dio la vuelta a la esquina de la casa. Andaba con la mayor suavidad, mirando a un lado y a otro. Por lo menos, así lo creyó Bobby. Y le pareció notar en ella la nerviosa vigilancia de un animal perseguido. De repente, aquella mujer se detuvo unos instantes y se tambaleó como si fuera a caerse. Avanzó Bobby y la sostuvo. Sus labios estaban pálidos y a él le pareció que nunca había podido contemplar tal expresión de miedo en un rostro humano.
-No tenga cuidado -le dijo con voz tranquilizadora y baja-. No debe temer nada.
La joven dio un débil gemido y entornó los párpados.
-Estoy muy asustada -murmuró-. Terriblemente asustada.
-¿Qué le pasa? -preguntó Bobby.
Ella movió la cabeza y se limitó a repetir, con voz casi inaudible:
-Estoy muy asustada, terriblemente asustada.
De repente, percibió algún ruido y se irguió, alejándose de Bobby, pero luego volvió a su lado.
-Váyase -dijo-. Váyase en seguida.
-Deseo ayudarla -dijo Bobby.
-¿De veras?
Lo miró durante unos segundos y en sus ojos había una expresión escrutadora, cual si quisiera explotar su drama. Pero luego movió la cabeza.
-Nadie puede ayudarme.
-Yo sí -contestó Bobby-. Haré lo que sea preciso. Dígame qué cosa le ha asustado.
-Ahora no -replicó ella, moviendo la cabeza-. ¡Oh, dése prisa! ¡ Ya vienen! Y no podrá ayudarme si no se marcha. Váyase inmediatamente.
Cedió Bobby a su recomendación, aunque antes murmuró:
-Me alojo en «Las Armas de Anglers».
Luego retrocedió por el sendero y al mirarla por última vez, pudo ver que con un ademán le hacía seña de que se marchara.
De repente, oyó pasos por el sendero y ante él. Alguien se acercaba desde la puertecilla.
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