Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.60
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-¿Y tendría que alejarse para someterse al tratamiento?
-El lugar a que me refiero se encuentra a tres millas de distancia, al otro lado del pueblo. Lo dirige un canadiense, el doctor Nicholson. Tengo entendido que es hombre muy hábil. Por fortuna, a Henry le es simpático; pero ¡chitón! Ahí viene Sylvia.
La señora Bassington-ffrench se acercó a ellos, observando:
-¿Han jugado ustedes mucho rato?
-Tres sets -dijo Frankie-, y he sido derrotada en todos.
-Sin embargo, juega usted muy bien -observó Roger.
-El tenis me da una pereza espantosa -dijo Sylvia-. Un día invitaremos a los Nicholson. A ella le gusta mucho jugar. ¿Qué pasa? -preguntó, sorprendiendo la mirada que cambiaron los dos.
-Nada. Simplemente que, hace un momento, estaba hablando a lady Frances de los Nicholson.
-Mejor sería que la llamases Frances, como yo. ¿Y no es curioso que cuando se habla de una persona o de una cosa, casi siempre se oye en seguida una repetición de lo mismo?
-Son canadienses, ¿verdad?-preguntó Frankie.
-Él sí. Y me figuro que ella es inglesa, aunque no tengo seguridad. Es muy linda, una muchacha encantadora, de ojos bellísimos, grandes y de triste expresión. Me figuro que no es demasiado feliz. Sin duda lleva una vida muy deprimida.
-Creo que él dirige una especie de sanatorio, ¿no?
-Sí, casos nerviosos y de aficionados a las drogas estupefacientes. Tengo entendido que alcanza grandes éxitos. Es un hombre realmente notable.
-¿Le es a usted simpático?
-No -contestó Sylvia-. De ningún modo. Nada en absoluto -añadió con extraña vehemencia.
Poco después mostró a Frankie el retrato, que tenía sobre el piano, de una mujer encantadora y de grandes ojos.
-Ésta es Moira Nicholson. Tiene un rostro muy atractivo, ¿verdad? Aquí estuvo un hombre, en compañía de algunos amigos nuestros, y quedó muy impresionado al verla. Deseaba que se la presentasen -se echó a reír-. Los invitaré a cenar mañana por la noche. Y me gustaría conocer la opinión de usted acerca de él.
-¿De él?
-Sí. Como ya le he dicho, no me es simpático, y, sin embargo, es hombre guapo y atractivo.
En su tono había algo que obligó a Frankie a dirigirle una rápida mirada; pero Sylvia Bassington-ffrench se había vuelto de espaldas y se ocupaba en sacar de un jarrón unas flores ya marchitas.
«Es preciso poner en orden mis ideas -se dijo Frankie, mientras pasaba un peine por su espeso y oscuro cabello antes de vestirse para cenar aquella noche-.
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