Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.55
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Se lo digo en serio. No tenga ninguna prisa en volver a la capital. Hágase cargo de que para mí constituye un placer tenerla aquí. Es usted muy agradable y simpática, no sabe cuánto me alegra su presencia.
«Resulta, pues, que necesita a alguien que la distraiga», pensó Frankie, aun cuando se avergonzaba de sí misma.
-Me parece que nos hemos convertido en dos buenas amigas-añadió la dueña de la casa.
Frankie se avergonzó aún más. Estaba haciendo algo indigno, muy indigno. Era preciso acabar de una vez y volver cuanto antes a la capital.
Sylvia añadió, bondadosa:
-Aquí no se aburrirá usted demasiado. Mañana regresa mi cuñado. Estoy segura que le gustará, porque Roger es simpático a todo el mundo.
-¿Vive con ustedes?
-iOh! Va y viene. Es un hombre muy inquieto. Él se califica como el inútil de la familia y en cierto modo quizá tenga razón. Nunca se dedica largo tiempo a un trabajo u ocupación cualquiera, aun cuando, hablando sinceramente, no creo que haya trabajado nunca en su vida. Pero hay personas así, especialmente en las familias antiguas. Y suelen ser extremadamente simpáticas, como le ocurre a Roger. Por mi parte, no sé qué habría sido de mí sin él, la primavera pasada, cuando Tommy estaba enfermo.
-¿Y qué le pasó a Tommy?
-Pues que se cayó del columpio y recibió una grave contusión. Tal vez el aparato estaba suspendido de una rama podrida, que cedió; Roger se impresionó muchísimo, porque él estaba dando impulso al niño en aquel momento. Al principio creímos que el pobrecito Tommy se había lastimado la columna vertebral, mas por fortuna sólo recibió una contusión leve, y ahora está completamente restablecido.
-Así parece -dijo Frankie, sonriendo, porque en aquel momento pudo oír los gritos de alegría del niño a lo lejos.
-Sí, está muy bien. Y no sabe usted cuan feliz me hace esto. Ha tenido mala suerte en los accidentes infantiles. El invierno pasado estuvo a punto de ahogarse.
-¿De veras? -preguntó Frankie, preocupada.
Ya no pensaba siquiera en regresar a la capital. También había disminuido su sentimiento de que no obraba correctamente. ¡Accidentes!... ¿Sería posible que Roger Bassington-ffrench se hubiese especializado en los accidentes?
Y hablando en alta voz, dijo:
-En el supuesto de que me habla usted con franqueza, me gustaría mucho permanecer algún tiempo más aquí. Pero ¿cree que mi presencia no será molesta para su marido?
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