Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.54
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Frankie sintió ciertos remordimientos al notar que se retiraba aquella señora.
«Es una buena mujer -se dijo-. Y no recela nada en absoluto.»
Por vez primera se dijo que estaba desempeñando un papel muy poco airoso. Estuvo tan preocupada por la visión de un Bassington-ffrench asesino, que empujaba a su víctima para hacerle caer en un precipicio, que los personajes de segunda categoría del drama no llegaron a preocuparla en lo más mínimo.
«Bueno -se dijo, al fin-. Ahora ya estoy en esto y he de desempeñar bien mi papel. Pero quisiera que esta mujer no fuese tan amable y simpática.»
Pasó una tarde y una noche muy aburridas, tendida en su habitación y a media luz. La señora Bassington-ffrench fue a visitarla una o dos veces, para darse cuenta de su estado, pero se marchó en seguida.
Al día siguiente, Frankie solicitó que se abriesen bien los postigos de las ventanas, y manifestó el deseo de tener compañía, de modo que la dueña de la casa fue a pasar un rato con ella. Descubrieron algunas relaciones y amigos comunes, y al terminar el día, Frankie, muy avergonzada, se dio cuenta de que se habían hecho excelentes amigas.
La señora, Bassington-ffrench habló varias veces de su marido y de su hijo Tommy. Parecía una mujer sencilla y profundamente devota de su hogar. Mas por una u otra razón, Frankie creyó comprender que no era completamente feliz. En sus ojos a veces aparecía una expresión de ansiedad que no dejaba traslucir que su mente gozara de paz.
Al tercer día, Frankie se levantó y fue presentada al dueño de la casa.
Era un hombre corpulento, de mandíbula poderosa y aspecto bondadoso y distraído a la vez. Parecía pasar una gran parte del día encerrado en su estudio. Sin embargo, Frankie tuvo la impresión de que quería mucho a su mujer, aunque se interesaba muy poco por cuanto a ella pudiese gustarle.
Tommy, el niño, tenía siete años y era robusto y travieso, y era evidente que Sylvia Bassington-ffrench lo adoraba.
-Aquí se está muy bien -dijo Frankie, dando un suspiro-. Estaba tendida en un sillón, instalada en el jardín-. No sé si se debe al golpe de la cabeza o a qué, lo cierto es que no tengo ganas de moverme. Me gustaría estar aquí tendida días y más días.
-Pues no se mueva -le dijo Sylvia Bassington-ffrench con su acento apacible-.
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