Trayectoria de Boomerang (Agatha Christie) - pág.43
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-Es maravillosa la fantasía de la gente -replicó el inspector.
-Yo supongo que en realidad, en sus bolsillos llevaría cosas normales y corrientes.
-Apenas algunas. Un pañuelo, sin iniciales, unas monedas sueltas, un paquete de cigarrillos v un par de billetes de Banco, pero no en una cartera. Ni una carta. Y no habríamos podido identificarlo, a no ser por el retrato. Fue algo providencial.
-Lo comprendo-dijo Frankie-. Se apresuró a cambiar de conversación y añadió-: Ayer fui a visitar al señor Jones, el hijo del vicario. Me refiero al que ha sido envenenado. Resultó algo francamente extraordinario.
-Sí, en efecto -contestó el inspector-. Nunca oí nada parecido. Un joven decente y correcto, que no tiene enemigos. No hay duda, lady Frances, de que por aquí hay gente indeseable. Sin embargo, nunca oí hablar de un loco homicida que obrase de este modo.
-¿Y no hay ninguna pista del criminal? -preguntó la joven, con los ojos dilatados de curiosidad-. Es muy interesante oír hablar de estas cosas -añadió.
El inspector se hinchó de satisfacción, porque le lisonjeaba mucho aquella conversación cordial con la hija de un conde. Además, lady Frances no era tan altiva ni orgullosa.
-Se ha visto por ahí un automóvil -dijo el inspector-. Un «Talbot» de color azul oscuro. Un individuo, que vive en Lock´s Corner, dio cuenta de haber visto un «Talbot» de color azul oscuro, número GG 8282, que pasó en dirección a Saint Botolph´s.
Frankie examinó un momento la posibilidad de un obispo que tuviese la manía homicida y que ofreciera sacrificios de hijos de clérigos, pero acabó rechazándola con un suspiro.
-Supongo -añadió- que no sospechará usted del obispo.
-Nos hemos informado de que el coche del obispo no salió aquella tarde del Palacio.
-Pues se tratará de un número falso.
-En efecto, y estamos siguiendo la pista.
Después de proferir algunas exclamaciones de admiración, Frankie se despidió. No hizo ninguna observación, sino que se limitó a pensar para sí:
«No hay duda de que en Inglaterra hay muchos ´´Talbot" de color azul oscuro.»
A su llegada a casa tomó la guía de Marchbolt, que estaba en el escritorio de la biblioteca, y se la llevó a su propia habitación. Trabajó con ella por espacio de varias horas, pero el resultado no fue satisfactorio. En Marchbolt había cuatrocientos ochenta Evans.
-¡Malditos sean! -exclamó Frankie.
Y empezó a formar planes para el futuro
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