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Problema en el mar (Agatha Christie) - pág.13

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Supongamos que antes de la guerra Clapperton fuera ventrílocuo. En ese caso, tres personas pudieron oír perfectamente la voz de la señora Clapperton hablando desde el camarote cuando ya estaba muerta...
Ellie Henderson estaba a su lado. Tenía una mirada sombría y triste.
-¿Sabía usted que padecía del corazón? -preguntó.
-Lo suponía... La señora Clapperton hablaba de su padecimiento del corazón, pero me parecía una de esas mujeres a quienes gusta que las crean enfermas. Entonces recogí del suelo un trozo de una receta de un preparado con una fuerte dosis de digitalina. La digitalina es una medicina para el corazón, pero no podía ser de la señora Clapperton, porque la digitalina dilata la pupila. Yo no noté en ella ese fenómeno..., pero cuando vi los ojos de él, en seguida observé que presentaba esa dilatación.
Ellie murmuró:
-¿Entonces pensó usted que... que su experimento podría... terminar así?
-Fue el mejor medio, ¿no le parece, mademoiselle? -dijo Poirot suavemente.
Vio que a sus ojos asomaban las lágrimas.
-Usted lo sabía -dijo Ellie-. Lo ha sabido... todo el tiempo... Que le quería... Pero no lo hizo por mi... Fueron esas chicas, la juventud... hizo que se sintiera atado. Quería ser libre, antes de que fuera demasiado tarde... Sí, estoy segura de que fue por eso... ¿Cuándo sospechó usted... que era él?
-Su dominio de sí mismo era demasiado perfecto -dijo Poirot sencillamente-. Por irritante que fuera la conducta de su mujer, no parecía afectarle. Eso significaba, o que ya se había acostumbrado y no le hacía mella, o... eh bien, me decidí por la segunda posibilidad. Y acerté. También me llamó la atención su insistencia, la víspera del crimen, en mostrar su habilidad en los juegos de manos. Fingía estar traicionándose a sí mismo, involuntariamente. Pero un hombre como Clapperton no se traiciona. Tenía que haber una razón. Si la gente le creía ilusionista, no era probable que creyeran que había sido ventrílocuo.
-¿Y la voz que oímos, la voz de la señora Clapperton?
-Una de las camareras tiene una voz no muy distinta de la suya. La induje a que se escondiera tras el escenario y le enseñé las palabras que tenía que decir.
-Fue una trampa... una trampa muy cruel -exclamó Ellie.
-Los asesinatos no merecen mi aprobación -dijo Hércules Poirot.

FIN

1 Esta conversación tiene que parecer un poco oscura al lector desconocedor del idioma inglés.


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