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Problema en el mar (Agatha Christie) - pág.2

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Era una mirada de persona educada, con la que indicaba que estaba dispuesta a entablar conversación con su compañero de viaje.
-Es activo, ¿verdad? -dijo el hombre bajito.
-Da la vuelta a cubierta cuarenta y ocho veces exactamente -dijo la señorita Henderson-. ¡Qué cotilla es! ¡Y luego dicen que es a las mujeres a las que nos gusta el escándalo!
-¡Qué descortesía!
-Los franceses son muy corteses -dijo la señorita Henderson, con un matiz de interrogación en la voz.
El hombre bajito reaccionó prontamente a la insinuación.
-Belga, mademoiselle -dijo.
-¡Ah! Belga.
-Hércules Poirot, a su disposición.
El nombre despertó en ella algún recuerdo. ¿Dónde lo habría oído antes?
-¿Lo pasa usted bien en el barco, monsieur Poirot?
-Francamente, no. Ha sido una estupidez el haberme dejado convencer para venir. Detesto la mer. Nunca está tranquila, nunca, ni un minuto.
-Bueno, reconocerá usted que ahora está tranquila.
Monsieur Poirot lo admitió, a regañadientes.
-A ce moment, sí. Por eso revivo. Por eso vuelvo a interesarme por lo que sucede a mi alrededor..., por ejemplo, ha despertado mi interés su tacto en manejar al general Forbes.
-¿Se refiere usted a...?
La señorita Henderson se calló.
Hércules Poirot inclinó la cabeza.
-A su manera de sacarle aquel escándalo. ¡Admirable!
La señorita Henderson se rió, sin dar muestras de sentir el menor embarazo.
-¿Aquel quite sobre la guardia? Yo sabía que eso le haría quedarse sin habla -Se echó hacia delante, en actitud confidencial-. Confieso que me gusta el escándalo..., icuanto peor intencionado sea, mejor!
Poirot la miró, pensativo. Era una mujer de cuarenta y cinco años, satisfecha de representarlos, esbelta, de figura bien conservada, de agudos ojos oscuros y cabello gris.
Ellie dijo, de pronto:
-¡Ya sé! ¿No es usted el famosísimo gran detective?
Poirot hizo una inclinación de cabeza.
-Es usted muy amable, mademoiselle.
Pero no rechazó el cumplido.
-¡Qué emocionante! -dijo la señorita Henderson-. ¿Está usted tras una pista, como dicen en los libros? ¿Tenemos entre nosotros un criminal de incógnito? ¿Soy indiscreta?
-Nada de eso. Me duele desilusionarla, pero estoy aquí, como los demás, sencillamente para divertirme.
Lo dijo con voz tan lúgubre que la señorita Henderson se rió.
-Bueno, mañana podrá bajar a tierra en Alejandría. ¿Ha estado usted antes en Egipto?
-Nunca, mademoiselle.
La señorita Henderson se levantó un tanto bruscamente.
-Voy a reunirme con el general en su paseíto -anunció, con sequedad.
Poirot se puso en pie, cortésmente.


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