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Miss Marple y trece problemas (Agatha Christie) - pág.40

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-Es una historia muy interesante -dijo-, pero estoy de acuerdo con sir Henry y Mr. Petherick en que son muy pocos los datos que nos ha dado.
Joyce miró a miss Marple, que le sonrió.
-Yo también considero que eres un poco tramposa, Joyce, querida -le dijo-. Claro que para mí es distinto. Quiero decir que nosotras, por ser mujeres, sabemos apreciar la importancia que tienen los vestidos y, por lo tanto, no creo que sea justo presentar un problema así a un hombre. Debió de cambiarse con inusitada rapidez. ¡Qué mujer más perversa! Y él es todavía peor.
Joyce la miraba con ojos muy abiertos.
-Tía Jane... -le dijo-... quiero decir miss Marple, creo que... me parece que ya sabe usted la verdad.
-Sí, querida -dijo miss Marple-. A mí, que estoy sentada tranquilamente, me ha resultado mucho más sencillo que a ti. Y eso que, por ser artista, eres muy sensible a tu entorno, ¿no es cierto? Sentada aquí con mi labor de punto, puedo ver los hechos con claridad. Las gotas de sangre cayeron desde el balcón, del traje de baño, ya que, al ser rojo, los mismos criminales no se dieron cuenta de que estaba manchado de sangre. ¡Pobrecilla, pobrecilla infeliz!
-Perdóneme, miss Marple -intervino sir Henry-, pero usted sabe que sigo todavía en la más completa oscuridad. Usted y miss Lempriére parecen saber de qué están hablando, pero nosotros los hombres seguimos ignorantes de todo.
-Ahora les contaré el final de la historia -dijo la joven-. Ocurrió un año más tarde. Yo me encontraba en un pueblecito de la costa pintando, cuando de pronto experimenté la extraña sensación de presenciar algo que ya había ocurrido antes. Ante mí tenía a dos personas, un hombre y una mujer que saludaban a una tercera, una mujer vestida con un traje estampado con ponsetias rojas.
-¡Carol, esto sí que es maravilloso! ¡Qué casualidad encontrarse después de tantos años. ¿No conoces a mi esposa? Joan, te presento a una antigua amiga mía, miss Harding.
Reconocí al hombre al instante. Era el mismo Denis que había visto en Rathole. La esposa era distinta, es decir, se llamaba Joan en vez de Margery, pero era el mismo tipo de mujer: joven, bastante sencilla y corriente. Por un momento creí que me había vuelto loca. Empezaron a hablar de irse a bañar.


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