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Miss Marple y trece problemas (Agatha Christie) - pág.38

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Es extraño, ¿no te parece?
No oí la respuesta de Margery, pero su esposo continuó diciendo:
-Bueno, no podemos esperar más. Tenemos que continuar hasta Penrithar. ¿Estás lista? Iré a sacar el coche.
Hizo lo que decía y en seguida se marcharon juntos. Entretanto, yo había esperado ansiosa el momento de probar lo ridículo de mis imaginaciones. Cuando el automóvil se hubo alejado, fui hasta la posada para examinar de cerca el suelo. Desde luego allí no había manchas de sangre. No, todo había sido producto de mi exaltada imaginación. Y eso, en cierto modo todavía resultaba más aterrador. Fue entonces, mientras permanecía en pie como clavada en aquel lugar, cuando oí la voz del pescador, que me miraba con curiosidad.
-Usted creyó ver manchas de sangre aquí, ¿eh, señora?
Asentí.
-Es muy curioso, muy curioso. Aquí tenemos una superstición, señora. Si alguien ve esas manchas de sangre...
Hizo una pausa.
-¿Y bien? -le animé.
Continuó hablando con su voz melosa, con una entonación inconfundiblemente cornuallesa, pero suave y educada en el acento, completamente libre de todos los giros y peculiaridades del habla de Cornualles.
-Dicen, señora, que si alguien ve esas manchas de sangre habrá una muerte antes de veinticuatro horas.
-¡Qué terrible! Sentí que un estremecimiento recorría mi espina dorsal.
El continuó en tono persuasivo:
-Hay una lápida muy interesante en la iglesia acerca de una muerte...
-No, gracias -le dije decidida. Y girando sobre mis talones, eché a andar calle arriba hacia la casita donde me hospedaba.
Cuando llegué vi a lo lejos a la mujer llamada Carol, que venía corriendo por el camino del acantilado. En contraste con el color gris de las rocas, parecía una venenosa flor roja. Su sombrero era rojo como la sangre...
Me dominé. La verdad es que estaba obsesionada por la idea de la sangre.
Más tarde oí el ruido de su coche y me pregunté si también ella se dirigía a Penrithar, pero tomó la carretera de la izquierda, en dirección contraria. Observé cómo desaparecía por la colina y respiré un poco más tranquila. Rathole volvía a parecer dormido una vez más.
-Si eso es todo -dijo Raymond West cuando Joyce se detuvo para tomar aliento-, daré mi dictamen en seguida. Indigestión. Hace ver manchas ante los ojos después de las comidas.


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