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Miss Marple y trece problemas (Agatha Christie) - pág.36

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Tomé un delicioso baño allí y comí lengua enlatada y dos tomates, volviendo por la tarde a continuar mi apunte llena de entusiasmo y confianza.
Todo Rathole parecía dormido. Había acertado al imaginar la luz del sol por la tarde: las sombras resultaban mucho más sugerentes, Las Armas de Polharwith eran el tema principal de mi apunte. Un rayo de sol caía oblicuamente sobre la tierra ante la posada y producía un efecto curioso. Supuse que los bañistas habrían regresado felizmente ya que dos trajes de baño, uno rojo y otro azul oscuro, estaban tendidos en el balcón, secándose al sol.
Había algo que no me salía bien en una de las esquinas de mi apunte y me incliné unos instantes para arreglarlo. Cuando volví a alzar la vista, había una figura apoyada en uno de los pilares de la posada que parecía haber aparecido por arte de magia. Vestía ropas de marinero y supuse que sería un pescador. Además, llevaba una larga barba negra y, si hubiera buscado un modelo para dibujar a un malvado capitán español, no lo hubiera podido encontrar mejor. Me puse a trabajar con entusiasmo antes de que se marchara, aunque a juzgar por su actitud, parecía dispuesto a sostener el pilar por toda la eternidad.
Sin embargo, al fin se movió. Afortunadamente, yo ya había obtenido lo que deseaba. Se acercó a mí y empezamos a charlar. ¡Cómo hablaba aquel hombre!
-Rathole es un lugar muy interesante -me dijo. Yo ya lo sabía, pero, aunque se lo dije, eso no me salvó. Tuve que oír toda la historia del bombardeo, quiero decir de la destrucción del pueblo, y como el propietario de Las Armas de Polharwith murió en el mismo umbral de su puerta, atravesado por la espada de un capitán español, y que su sangre manchó el suelo y nadie consiguió limpiar la mancha durante cien años. Todo aquello concordaba admirablemente con la lánguida pesadez de la tarde. La voz del hombre era muy suave y, no obstante, al mismo tiempo resultaba un tanto amenazadora. Sus modales eran obsequiosos, pero comprendí que en el fondo debía de ser un hombre cruel. Me hizo comprender el papel de la Inquisición y el horror de todas las cosas que habían hecho los españoles mejor de lo que nunca lo hubiera hecho. Mientras me estuvo hablando, continué mi trabajo y de pronto me di cuenta de que, distraída escuchando su historia, había pintado algo que no estaba allí.


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