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Miss Marple y trece problemas (Agatha Christie) - pág.25

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Salí de la estación de Paddington el viernes por la mañana, ilusionado ante la perspectiva de mi viaje. El compartimiento del tren estaba vacío, con la sola excepción de un hombre sentado ante mí en el rincón opuesto. Era alto, con aspecto de militar, y no pude evitar la sensación de que lo había visto antes en alguna otra parte. Me estuve devanando los sesos en vano durante algún tiempo y al fin di con ello. Mi compañero de viaje no era otro que el inspector Badgworth, a quien yo conociera cuando escribí una serie de artículos sobre el caso de la misteriosa desaparición de Everson.
Me di a conocer y no tardamos en charlar amigablemente. Cuando le dije que me dirigía a Polperran comentó que era una coincidencia singular ya que él también iba a aquel lugar. No quise parecer indiscreto y me guardé de preguntarle qué era lo que le llevaba allí. En vez de eso, le hablé de mi propio interés por el lugar, mencionando el naufragio del galeón español. Para mi sorpresa, el inspector parecía saberlo todo al respecto.
-Seguro que es el Juan Fernández -me dijo-. Su amigo no será el primero que ha dilapidado todo su dinero tratando de sacar el oro a flote. Es un capricho romántico.
-Y probablemente toda la historia es un mito -repliqué yo-. Nunca habrá naufragado un barco en este lugar.
-Oh, el hundimiento del barco sí es cosa cierta
-me dijo el inspector-, así como el de muchos otros. Le sorprendería a usted conocer el número de naufragios que hubo en esa parte de la costa. A decir verdad, ése es el motivo que me lleva allí ahora. Ahí es donde hace seis meses se hundió el Otranto.
-Recuerdo haberlo leído -contesté-. Creo que no hubo desgracias personales.
-No -contestó el inspector-, pero se perdió otra cosa. No es del dominio público, pero llevaba a bordo lingotes de oro.
-¿Sí? -pregunté muy interesado.
-Naturalmente utilizamos buzos para los trabajos de salvamento, pero el oro había desaparecido, Mr. West.
-¡Desaparecido! -exclamé mirándole asombrado-. ¿Cómo es posible?
-Ese es el problema -replicó el inspector-. Las rocas abrieron un boquete en la cámara acorazada y los buzos pudieron penetrar fácilmente en ella por ese camino, pero la encontraron vacía. La cuestión es, ¿fue robado el oro antes o después del naufragio? ¿Estuvo alguna vez siquiera en la cámara acorazada?


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