Las manzanas (Agatha Christie) - pág.150
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.. Fue sellado, ha informado la señora Goodbody. ¡Oh! Años atrás cayó en él un niño... Han podido caer en él otras personas posteriormente...
-Bueno, sigue pensando así -recomendó Michael Garfiled-. Es una leyenda local muy buena... Ahora, he de indicarte que hay un pozo semejante al citado, en Little Belling.
-Pues sí -repuso Miranda-. Lo sé todo acerca de ése. Es muy corriente. Todo el mundo sabe dónde para, lo cual lo echa todo a perder. La gente arroja monedas al interior de él... Ni siquiera tiene agua, de modo que no se produce ni el más leve chapoteo.
-Chica, lo siento.
-Le pondré al corriente cuando encuentre el mío -aseguró Miranda.
-No debes dar crédito siempre a todo lo que te asegure una bruja. Yo no creo que cayera ninguna criatura en el pozo en cuestión... Supongo que sí caería al mismo algún gatito, ahogándose.
-Ding, dong dell,, pussy´s in the well -recitó Miranda, levantándose-. Tengo que irme ahora. Mi madre estará esperándome.
La niña se deslizó cuidadosamente por encima de la roca en que estaba, sonrió a los dos hombres y se alejó.
-Ding, dong dell -repitió Poirot, pensativo-. Uno cree lo que quiere creer, Michael Garfield. ¿Estaba en lo cierto la chica o no estaba en lo cierto?
Michael Garfield contempló caviloso a su interlocutor. Luego sonrió.
-Está en lo cierto -replicó-. Hay un pozo y se encuentra sellado, como ella declaró. Supongo que resultaría peligroso. No creo que fuese nunca el clásico y fantástico «Pozo de los deseos». Me figuro que la señora Goodbody habrá hablado más de la cuenta. También hay un árbol de los deseos, Lo hubo al menos. Es uno de los abedules de la ladera. La gente le daba tres vueltas caminando hacia atrás, formulando luego un deseo.
-¿Y qué fue de él? Ya no hay nadie que vaya a darle vueltas, ¿eh?
-No. Me parece que fue derribado por un rayo hace unos seis años. Lo partió en dos.
-¿Habló usted con Miranda de eso?
-No. Pensé que era mejor que concentrara su atención en el pozo. El abedul, de todos modos, podría proporcionarle menos diversiones.
-Tengo que continuar mi camino -advirtió Poirot a su interlocutor.
-¿Va usted a casa de su amigo el policía?
-Sí.
-Da usted la impresión de estar cansado.
-Es que, en efecto, lo estoy -contestó Hércules Poirot-. Me siento extraordinariamente cansado.
-Se sentiría más cómodo si calzara zapatos de lona o sandalias.
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