Las manzanas (Agatha Christie) - pág.149
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Y sucederá entonces, inevitablemente, que se incorporarán al paisaje muchos otros adornos, que serán abiertos nuevos senderos, que serán instalados asientos a ciertas distancias. Hasta pudiera ser que fuesen colocados en los caminos algunos bidones para la recogida de basuras. ¡Oh, sí! La gente que integra tales comités es muy celosa, atenta y conservadora. Y esto que tenemos aquí no se presta a esos manejos. Esto es algo salvaje. Mantener el paisaje de esta manera es más difícil que planear una ordenación convencional.
-¡Monsieur Poirot! -dijo la chica, desde el otro lado del arroyo. Poirot avanzó unos cuantos pasos para oír mejor su voz.
-Por fin te he encontrado. Viniste para que te hiciesen un retrato a lápiz, ¿no es así?
Ella denegó moviendo la cabeza.
-No vine aquí por eso. Fue una casualidad...
-Sí -confirmó Michael Garfield-. Fue una casualidad... A veces tiene uno rachas de suerte.
-¿Querías dar un paseo por tu jardín favorito, sencillamente?
-En realidad, iba en busca del pozo.
-¿Hablas de un pozo?
-Hubo un pozo «de los deseos» en este bosque...
-Piensa que esto fue en otro tiempo una cantera. No sé de pozos de esa clase ni de ninguna otra en las canteras normales.
-La cantera estuvo rodeada siempre por un bosque. Hubo árboles por aquí. Michael sabe dónde está el pozo, pero no ha querido decírmelo.
-Te resultará más divertido buscarlo, niña -manifestó Michael Garfield-. Especialmente, por el hecho de no estar muy segura acerca de su existencia.
-La señora Goodbody sabe todo lo que se puede saber sobre este asunto.
Miranda agregó:
-La señora Goodbody es una bruja.
-Muy cierto -declaró Michael-. Es la bruja local, monsieur Poirot. Usted ya sabe que en la mayor parte de los pueblos suele haber una bruja. No siempre se las llama así, pero todo el mundo sabe a qué atenerse... Estas mujeres predicen el futuro, impulsan el crecimiento de unas begonias, prohíben a la vaca de un granjero que siga dando leche y hasta administran o ceden pociones amorosas...
-Era el pozo de los deseos -dijo Miranda-. La gente venía aquí y formulaba los suyos. Tenían que darle tres vueltas al revés y se encontraba en la ladera de una elevación, por lo cual la maniobra no era tan fácil como parece a primera vista -Miranda miró más allá de Poirot y Garfield-. Acabaré localizándolo, aunque nadie me dé una orientación. Está aquí, en alguna parte.
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