Las manzanas (Agatha Christie) - pág.148
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Nunca lo sabría... La muchacha no diría así como así lo que estaba pensando. Probablemente, ni siquiera formulándole preguntas directas. Tenía una mente original, una mente reflexiva. Poirot se dijo que ella era vulnerable. Muy vulnerable. Acerca de las chicas él sabía ya algunas cosas. O creía saberlas. Todo era una pura hipótesis, pero se sentía casi seguro...
Michael Garfield levantó la vista diciendo:
-¡Oh! El señor «Bigotes». Buenas tardes, señor.
-¿Me permite que mire lo que está usted haciendo? ¿Le importuno, quizá? No quisiera que me juzgase impertinente.
-Puede usted mirar lo que quiera. A mí me da igual -repuso Michael Garfield-. No sabe usted lo que me estoy divirtiendo en estos instantes.
Poirot se asomó al bloc por encima de uno de sus hombros. Asintió. Tenía delante un dibujo a lápiz de muy delicadas líneas, unas líneas qué resultaban casi invisibles. Poirot pensó que el joven sabía dibujar. Y no solamente era capaz de proyectar jardines. Exclamó en voz baja, casi:
-¡Exquisito!
-Es lo mismo que yo estaba ahora pensando -declaró Michael Garfield.
Adrede, dio a sus palabras una entonación especial, para significar, que también podía estar refiriéndose a la deliciosa criatura que tenía delante, como modelo.
-¿Cómo se le ocurrió a usted la idea de llevar a la chica a su bloc de apuntes?
-¿Quiere saber por qué estoy haciendo esto? ¿Cree usted de veras que existe alguna razón?
Pudiera existir.
-Es verdad. Si yo me voy de aquí algún día, hay una o dos cosas que deseo recordar. Miranda es una de ellas.
-¿La olvidaría usted fácilmente de otro modo?
-Muy fácilmente. Yo soy así. Pero me consta, sé muy bien que el olvido de algo o de alguien, la imposibilidad de evocar un rostro, el giro de un hombro, un simple gesto, la estampa de un árbol, una flor, un trozo de paisaje, producen en uno una terrible angustia, una verdadera agonía, a veces. Uno ve algo, este algo se fija en la memoria, pero es perecedero y por fin el recuerdo se desvanece...
-No es precisamente lo que va a suceder con este jardín, creo yo.
-¿Usted cree? Este jardín no constituirá una excepción. Se perderá si no hay nadie que se ocupe de él. La Naturaleza lucha por lo que es suyo. Esto necesita amor y atención, cuidado y destreza. Si se forma algún comité para atender lo que estamos viendo (que es la solución que se da a estas cosas hoy en día), sus miembros se dedicarán a «conservar» lo que han encontrado.
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