Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > Las manzanas (Agatha Christie)

Las manzanas (Agatha Christie) - pág.147

Indice General | Volver

Página 147 de 184


Estaba seguro de eso. Era de los abogados que aconsejaban Iealmente a sus clientes, que les sugerían un camino a seguir cuando se veras existía una salida para su problema.
Dobló una curva del sendero experimentando la sensación momentáneamente de que sus pies tenían más importancia que sus especulaciones. ¿Estaba siguiendo un atajo para llegar cuanto antes a la casa del superintendente Spence o no? Estaba avanzando en línea recta, desde luego, pero en la carretera principal sus pies lo habrían pasado mejor. El sendero en cuestión no se hallaba alfombrado por ninguna capa de césped. Presentaba la dureza de la piedra. Hacía pensar en un vestigio escondido de la antigua cantera.
De pronto, se detuvo.
Enfrente de él divisó dos figuras. Sentado en un saliente rocoso, contempló a Michael Garfield. Tenía un bloc de papel sobre las rodillas y estaba dibujando, concentrando enteramente su atención en la labor que tenía entre manos. A escasa distancia de él, de pie junto a un pequeño y rumoroso arroyo, se encontraba Miranda Butler. Hércules Poirot se olvidó por completo de sus pies, olvidó los trastornos del cuerpo humano y se recreó en el bello espectáculo que pueden ofrecer dos seres humanos bien conjuntados.
Indudablemente, Michael Garfield era un joven de una perfección física asombrosa. Poirot no supo responder a sí mismo a la pregunta de si aquel hombre era o no de su agrado. Siempre es difícil saber si a uno le gusta alguien tan bello. Cualquiera gusta de contemplar la belleza, pero... La belleza en las mujeres era una cosa permitida, familiar, pero Hércules Poirot no estaba seguro de que le agradara en los hombres. A él mismo no le habría complacido, ni mucho menos, ser un hombre guapo. Claro que nunca había corrido semejante riesgo... Había solamente una cosa de su persona que satisfacía plenamente a Hércules Poirot: su espléndido bigote. Y también la forma en que éste reaccionaba ante sus esmerados cuidados. El bigote en cuestión era magnífico. No sabía de nadie que conociese otro mejor. Ni siquiera que lo igualara. Él no había sido jamás un hombre hermoso, ni bien parecido. La belleza, en su caso, podía ser dejada a un lado...
En cuanto a Miranda... Pensó de nuevo, como ya había pensado antes, que era su gravedad lo que en ella resultaba más atractivo. Se preguntó qué era lo que pasaría por su cabeza en aquellos instantes.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 101 102 103 104 105 106 107 108 109 110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-150   151-184  
Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados