Las manzanas (Agatha Christie) - pág.137
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CAPITULO XVIII
Poirot se sentó, estirando las piernas. Seguidamente exclamó:
-¡Ah! Esto ya es otra cosa.
-Quítese los zapatos -le recomendó la señora Oliver-. Todavía se encontrará más a gusto.
-No, no. Yo no puedo hacer tal cosa.
Poirot parecía hallarse impresionado ante la posibildiad de seguir el consejo de la señora Oliver.
-¿Por qué no? Nosotros nos conocemos desde hace mucho tiempo -alegó Anadne Oliver-, y a Judith si llega a salir de la casa, y le ve, esto le tendrá sin cuidado. Permítame que le diga una cosa: no debiera usar zapatos de charol en pleno campo. ¿Por qué no se procura unos de piel de ante? Repare en el calzado tan cómodo que emplean los «hippies»... Se deslizan casi por sí solos en los pies y no hay ni que pensar en limpiarlos. Cualquiera diría que se limpian por algún proceso natural. Se trata de uno de tantos inventos que tienden a ahorrar esfuerzos.
-¡Oh! Eso no me llama la atención, de veras.
La señora Oliver empezó a deshacer uno de sus paquetes sobre la mesa.
-Lo peor de usted es que insiste en ser un hombre elegante. A usted le preocupan más sus ropas, su bigote y su aspecto, en general, que el hecho de sentirse cómodo, a gusto. Cuando, realmente, la comodidad personal es lo más grande que hay. Rebasados los cincuenta años, digamos, la comodidad es lo único que interesa.
-Madame, chére madame: me parece que no estoy muy de acuerdo con usted en tal aspecto.
-Pues haga un esfuerzo y créame -respondió la señora Oliver-. De lo contrario, le toca a usted sufrir mucho. Y la cosa irá empeorando año tras año.
La señora Oliver extrajo del paquete una caja de vivos colores. Después de quitarle la tapa, cogió una pequeña porción de su contenido, llevándoselo a la boca. Finalmente, se chupó los dedos. Luego, se los secó con un pañuelo, murmurando:
-Pegajoso...
-¿Es que ya no come usted manzanas? ¡La he visto tantas veces con su bolsa de manzanas, comiendo manzanas o derramándolas por la acera!
-Voy a confiarle una aspiración mía: no quiero volver a ver una manzana en mi vida. No. Las manzanas me inspiran un odio feroz. Es posible que llegue un día en que me sobrepondré a esto, pero de momento...
-¿Y qué es lo que come ahora?
Poirot examinó la alegremente coloreada tapa de la caja, adornada con una palmera.
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