Las manzanas (Agatha Christie) - pág.131
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Estoy pensando en los abogados... Éstos pueden enredarlo todo y a mí no me gustaría tener relación con la policía. Tratándose de un asunto legal no tendrá que ver nada con aquélla, ¿verdad?
-Quizá no -repuso la señora Oliver, cautamente.
-Usted está enterada tal vez de lo que se dijo sobre el codicilo... ¿Se dice así? ¿Codicilo? Es un nombre tan raro...
-El codicilo, sí. Una especie de apéndice de un testamento -explicó la señora Oliver, con toda clase de detalles.
-Así es. A eso quería referirme. La señora Llewellyn-Smythe redactó uno de esos codi... cilos, dejando su dinero a la muchacha extranjera que la cuidaba. Fue una sorpresa eso, ya que la anciana tenía parientes directos aquí, aparte de que había venido aquí para vivir cerca de ellos. Habíase mostrado siempre muy afectuosa con los mismos, con la señora Drake en particular. A la gente le extrañó aquello, desde luego. Y posteriormente, los abogados comenzaron a formular comentarios. Alegaron que la señora Llewellyn-Smythe no era la autora del codicilo... que había redactado el documento la chica extranjera. Sólo así se explicaba que todo el dinero de la anciana fuese a parar a sus manos. Se afirmó que los tribunales iban a aclarar el misterio... que la señora Drake denunciara el testamento, pretextando que era falso...
-Los abogados iban a rechazar el testamento, en efecto. Sí, creo que he oído hablar de eso por aquí - manifestó la señora Oliver, empeñada en animar a la mujer a ser más explícita en sus declaraciones-. Y usted me imagino que sabe algo acerca del tema...
-Yo no he querido causar a nadie molestias o daños... -declaró la señora Leaman.
Exteriorizó una especie de quejido con el cual se había familiarizado la señora Oliver unos minutos atrás.
Pensó que la señora Leaman era una mujer en la que no se podía confiar, quizá.
Lo más seguro era que se tratara de una entrometida, una de esas personas que gustan de escuchar detrás de las puertas.
-Yo no dije nada en su día, porque no sabía en realidad a qué atenerme. Pero le confiaré que todo aquello me pareció raro; admitiré también, puesto que me encuentro ante una señora comprensiva, que yo ansiaba enterarme de la verdad. Trabajé para la señora Llewellyn-Smythe durante algún tiempo y una ansía conocer cómo sucedieron las cosas.
-Es lógico -indicó la señora Oliver.
Hubo una pausa en la conversación, llena de baches, que la señora Oliver se esforzaba por salvar.
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