Las manzanas (Agatha Christie) - pág.121
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Pues los dos estaban bien educados, efectivamente. Nicholas era el que contaba dieciocho años. Su rostro ofrecía rasgos correctísimos; llevaba patillas y una poblada nuca. Vestía de negro. Parecía haber asistido a un funeral. No era así, sin embargo. Tampoco se podía pensar que vistiese de luto recordando la reciente tragedia. Nicholas, simplemente, se embutía en aquellas prendas fúnebres porque respondían las mismas a su gusto personal en materia de indumentaria. Su compañero llevaba una chaqueta de terciopelo rosa, pantalones verdosos y una camisa con adornos. Los dos jóvenes gastaban, evidentemente, mucho dinero en vestir. Sus prendas no habían sido adquiridas en su localidad de residencia. Lo más seguro era que las hubiesen pagado ellos mismos, con su dinero, y que ni sus padres ni sus parientes estuvieran enterados de aquellos detalles.
Los cabellos de Desmond eran rojos. Muy abundantes, si su dueño había pasado un peine por ellos recientemente lo disimulaba muy bien.
-Según tengo entendido, estuvisteis colaborando a la hora de llevar los preparativos indispensables, con vistas a la reunión, ¿no es así?
-Es cierto. Estuvimos allí a primera hora de la tarde -declaró Nicholas.
-¿En qué clase de preparativos estuvisteis vosotros trabajando? Son varias las personas que me han informado sobre el particular hasta ahora, pero no he sacado de sus palabras ninguna idea clara. No coinciden las manifestaciones de unas con otras.
-Tuvimos trabajo con la iluminación.
-Permanecimos la mayor parte del tiempo en lo alto de las escaleras de mano.
-Tengo entendido que realizasteis algunos trucos fotográficos también. Inmediatamente, Desmond hundió una mano en un bolsillo de su chaqueta extrayendo de aquél un sobre que contenía unas cuantas cartulinas.
-Estuvimos arreglando estos retratos -explicó-. Buscábamos esposos para las chicas. Todos estos tipos son por el estilo... Han sido puestos por nosotros «al día». No forman una mala colección, ¿verdad?
Poirot tuvo ocasión de contemplar sucesivamente, con gran interés, unas cuantas caras: la de un joven de barba muy roja con los cabellos en forma de aureola; la faz de otro cuyos pelos le llegaban a las rodillas; varios rostros más semiocultos bajo frondosas patillas...
-Los diferenciamos perfectamente, ¿verdad? No nos salió mal del todo.
-Dispusisteis de los correspondientes modelos, ¿eh?
¡Somos nosotros mismos! Cosas del maquillaje. Nick y yo nos arreglamos mutuamente. Nos limitamos a variar el motivo principal: los pelos.
-Una medida muy inteligente -reconoció Poirot.
-Las fotografías salieron algo desenfocadas. Así parecían las caras un poco fantasmales, espirituales, por así decirlo.
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