Las manzanas (Agatha Christie) - pág.120
Indice General
|
Volver
Página 120 de 184
Tengo en cuenta que sois chicos de visión aguda, de oído muy fino, que poseéis conocimientos científicos rigurosamente puestos al día, junto con una gran filosofía... Siento un gran interés por conocer vuestras opiniones acerca de esta materia.
«Dieciocho y dieciséis años...», pensó Poirot, estudiando las caras de los dos chicos. Dos «jóvenes», simplemente, para la policía; unos chicos para él; un par de adolescentes para los reporteros. Daba igual que fuesen llamados de un modo o de otro. Eran productos de la época. Ninguno de los dos podía ser considerado un muchacho estúpido, si bien tampoco se hallaban en posesión de la elevada mentalidad que él había sugerido al principio, halagadoramente, para animar la conversación. Los dos habían estado en la reunión. Los dos se habían encontrado en las primeras horas del día en la casa de la señora Drake, para ayudarla en lo que ésta consideraba necesario.
Habían trepado por las escaleras de mano, colaborando en la colocación de calabazas en los puntos más estratégicos. Habían tendido una nueva línea eléctrica a base de minúsculas luces; uno u otro, o la pareja a un tiempo, habíanselas arreglado para componer una colección de falsas fotografías, a tono con los rostros imaginados por las chicas de once años en adelante. Estaban en la edad más indicada para figurar en los primeros lugares de la lista de sospechosos que el inspector Raglán llevaba en uno de sus bolsillos, y en la mente de un jardinero ya entrado en años. A lo largo de los últimos años, el porcentaje de crímenes cometidos por individuos de su edad había ido subiendo incesantemente. No era que Poirot estimase este detalle definitivo. Ahora bien, todo era posible... Cabía incluso la posibilidad de que el acto delictivo de dos o tres años atrás hubiese sido obra de un chico de catorce o doce años de edad. Tales casos se habían dado. No había más que leer los reportajes publicados últimamente en algunos diarios.
Poirot tenía en cuenta todas estas posibilidades, pero las relegaba a un segundo plano. Teníalas en reserva, por así decirlo. Decidió de momento concentrarse en el estudio del carácter de sus dos interlocutores; fijóse en sus miradas, en sus ropas, en sus modales, en sus voces y así sucesivamente... Actuó a su manera, a la clásica de Hércules Poirot, valiéndose de conceptos halagadores, disponiendo las cosas con determinado aire para ayudarles a sentirse hasta desdeñosos con respecto a su persona, sin merma de la cortesía y de la buena crianza obligadas.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-184
|