Las manzanas (Agatha Christie) - pág.117
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Se le echó encima uno de esos vehículos que a menudo ve uno por ahí, conducidos por jóvenes de abundantes cabelleras o barbas. Es lo que dijeron. El coche no se detuvo siquiera. Sus ocupantes no volvieron para averiguar lo que habían hecho. Abandonaron el automóvil no sé dónde, en un estacionamiento, me parece, a unos treinta kilómetros de distancia del lugar del suceso. El coche no pertenecía a sus ocupantes. Éstos lo habían robado... ¡Oh! Es terrible... ¡Hay que ver los accidentes de automóviles que sr producen hoy en día! Y la policía, a todo esto, se ve impotente. Apenas puede hacer nada. La señora Drake quería mucho a su esposo... Fue un duro golpe para ella la desgracia. Viene aquí casi todas las semanas con flores, que deposita en el sepulcro. Los dos se llevaban muy bien. Con todo, a mi me parece que esa mujer estará ya muy poco en este sector residencial...
-¿De veras? ¿Pese a disfrutar en este sitio de una hermosa vivienda?
Sí, sí... Y en el poblado esa mujer se mueve lo suyo. Se la ve en todas partes. Forma parte de las directivas de las sociedades femeninas, organiza tés y reuniones... Se halla al frente de muchas cosas. Alguna gente piensa que Ie gusta demasiado mandar. Es así, realmente. Pero el párroco, por ejemplo, confía en ella. Es una mujer de iniciativa. Monta viajes de turismo, excursiones cortas... ¡Oh, sí! Yo no se lo digo a mi mujer, pero lo pienso: no por dejarse ver esas personas son más populares. ¿Usted entiende lo que quiero decir? Lo normal es que vayan incesantemente de un lado para otro indicando qué es lo que debe hacerse y qué es lo que hay que evitar. Esas señoras tienen alma de dictadoras. No tienen la más leve idea de lo que significa la libertad para algunos seres... Claro que hay que reconocer que actualmente en ningún lado se disfruta de ella.
-¿Y usted cree posible que la señora Drake acabe marchándose de aquí?
-No me extrañaría nada que el día menos pensado se fuese, estableciéndose, para vivir, en cualquier punto del extranjero. El matrimonio abandonaba el país periódicamente; a los dos les agradaba pasar sus vacaciones lucra de Inglaterra.
-¿Y por qué piensa usted que ella desea salir de aquí?
-Una sonrisa saturada de picardía floreció en los labios del anciano.
--Bueno, yo diría que ella ha hecho aquí todo lo que podía hacer.
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