Las manzanas (Agatha Christie) - pág.112
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.. Sufría de una paralización parcial de sus miembros desde hacía seis años. Había mejorado bastante, pero continuaba siendo un impedido y tenía que costarle forzosamente mucho trabajo evitar un vehículo que se le viniera encima de un modo inesperado. Me sentí culpable, en su día... Él insistía en salir solo, sin nadie que le acompañara. Rechazaba los buenos oficios de una enfermera o de una esposa que se prestara a desempeñar el papel de ésta. Pero tomaba siempre las máximas precauciones cuando se disponía a cruzar una calzada. Claro, sucede que cuando se presenta una desgracia de éstas los que se hallan alrededor de la víctima no cesan de formularse reproches...
-¿Ocurrió esto a raíz de la muerte de su tía?
-No. Ella falleció poco después. Los acontecimientos, gran número de veces, se precipitan de una manera extraña, ¿eh?
-Cierto -confirmó Hércules Poirot, que inquirió a continuación-: ¿No fue capaz la policía en su día de dar con el coche que atropello a su esposo?
-El vehículo era un «Grasshopper Mark 7», me parece recordar... Uno de cada tres coches de los que circulaban entonces por la carretera pertenecían a esa marca. Me dijeron que era el automóvil más popular del mercado. Los agentes alegaron que había sido robado en Market Place, dentro de Medchester. Hay allí una zona de estacionamiento de turismos. Era propietario del coche un tal señor Waterhouse, viejo comerciante de semillas de Medchester. El tal señor Waterhouse era un conductor prudente, poco amigo de las grandes velocidades. No había sido él, desde luego, el autor del atropello. Evidentemente, se trataba de uno de esos episodios corrientes de robos de automóviles en que se ejercita nuestra juventud actual, estos negligentes muchachos, estos despreocupados jóvenes, habrían de ser juzgados, creo yo, con más severidad...
-Lo oportuno sería una prolongada estancia en prisión, quizá. La multa, que por añadidura suele ser pagada por los parientes más próximos, siempre indulgentes, no produce ningún efecto, normalmente, no les causa la más leve impresión.
- Hay que tener presente -añadió Rowena Drake-, que esos jóvenes se hallan en un momento crítico de sus vidas, en que resulta de vital importancia proseguir los estudios emprendidos, si es que desean abrirse paso en el mundo...
-«La vaca sagrada de la educación» -dijo Hércules Poirot-. He aquí una frase que he oído en labios de personas que debieran saber vigilar sus expresiones... Se trata de gente que ocupa puestos académicos de cierta responsabilidad.
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