Las manzanas (Agatha Christie) - pág.108
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Se trata de algo que me comunicó una persona.
-¿De veras? ¿Quién?
-La señora Whittaker, una de las profesoras del colegio local.
-¡Oh, sí, claro! Elizabeth Whittaker. Es la profesora de matemáticas de «Los Olmos», ¿verdad? Recuerdo que estuvo en nuestra reunión. ¿Y es que vio algo de particular?
-No se trata de que ella viera algo... La señorita Whittaker piensa que la que vio algo, quizá fue usted. La señora Drake pareció sorprendida, moviendo la cabeza.
-No acierto a recordar nada que... -contestó-. Pero, en fin, nunca se sabe...
-Es algo que tuvo que ver con un jarrón de flores -manifestó Poirot.
-¿Un jarrón de flores? -el gesto de Rowena Drake era de desconcierto. Finalmente, dejó de fruncir el ceño-. ¡Oh! Ya sé... Sí, había un gran jarrón de hojas de otoño y crisantemos en la mesa, en las escaleras. Tratábase de un jarrón precioso. Era uno de los regalos que me hicieron cuando mi boda. Las hojas parecían estar un tanto marchitas, así como algunas de las flores. Recuerdo haberlo notado al pasar por allí... Fue hacia el final de la reunión, creo, pero, no estoy segura... Me pregunté por qué ofrecía aquel aspecto el jarrón y al introducir mis dedos en él advertí que algún estúpido o estúpida no se había acordado de poner un poco de agua después de haber arreglado el conjunto. Me enfadé mucho... Entonces me trasladé al cuarto de aseo, y llené el jarrón de agua. Pero, ¿qué podía haber visto yo en el cuarto de aseo? No había nadie allí. Estoy segura de eso. Creo que una pareja o dos integradas por chicos y chicas de los mayores habían estado tomándose algunas familiaridades en el curso de la reunión... No obstante es cierto que allí no había nadie cuando entré con el jarrón.
-No, no... Yo no me estaba refiriendo a eso -declaró Poirot-. Tengo entendido que allí se produjo un incidente. Me consta que el jarrón resbaló entre sus manos, cayendo al suelo del vestíbulo, donde se hizo añicos.
-¡Oh, sí! -contestó Rowena-. Se hizo pedazos, en efecto. La cosa me afectó bastante porque, ya se lo he dicho, el jarrón era uno de mis regalos de boda. Era además, muy bello y apropiado para los ramos de otoño... Fue una estupidez mía. Sentía que mis dedos resbalaban por la superficie del jarrón, que se estrelló contra el piso del vestíbulo.
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