Las manzanas (Agatha Christie) - pág.107
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Había un tono ligeramente agrio en aquellas palabras. Poirot se imaginaba sin esfuerzo a Rowena Drake rechazando conceptos, tachándolos de absurdos, con firmeza, sin apelación. Deducía de las observaciones formuladas por la hermana de Spence y de las sugerencias más o menos veladas de otras personas, que Rowena Drake era una mujer dominante, un ser que instintivamente se ponía al frente de todo, sin llegar a conquistar nunca el afecto de sus colaboradores. Poirot se dijo también que las cualidades positivas que tuviese no eran las más indicadas para ser apreciadas por un pariente de más edad y psicología semejante. La señora Llewellyn-Smythe había ido a vivir a aquel lugar para estar cerca de su sobrino y de la esposa de éste. Seguramente, ella habíase dedicado a fiscalizar todos los movimientos y decisiones de la anciana, supervisando hasta las cosas más nimias sin hallarse dentro de la casa. La señora Llewellyn-Smythe había reconocido, probablemente, que debía mucho a Rowena, pero lamentaba al mismo tiempo sus modales, tan bruscos.
-Bueno, ya se han ido todas -comentó Rowena Drake al oír el ruido de una puerta al cerrarse-. ¿En qué puedo servirle? ¿Quiere saber algo más acerca de la terrible reunión de la víspera de Todos los Santos? Ojalá no la hubiéramos celebrado nunca aquí. Pero es que no había ninguna otra casa que reuniera mejores condiciones... ¿Sigue la señora Oliver en casa de Judith Butler?
-Sí. Creo que dentro de uno o dos días emprenderá el regreso a Londres. ¿No la conocía de antes?
-No. Sus libros me gustan mucho.
-Me parece que goza de muy buena reputación como escritora -indicó Poirot.
-Lo es, lo es, indudablemente. Resulta también una persona encantadora. Tiene ideas propias... ¡Oh! ¿Posee alguna referencia a la posible identidad del misterioso autor de la muerte de la pequeña Joyce?
-Yo creo que no. ¿Y usted, señora Drake?
-Ya le contesté negativamente con anterioridad.
-Bueno, ya sé... Sin embargo, cabe la posibilidad ahora de que se le haya ocurrido una idea, una idea apenas esbozada, formada a medias...
-¿Y por qué ha de inclinarse usted a pensar eso?
Rowena Drake miró a su interlocutor fijamente, con curiosidad.
-Usted pudiera haber visto algo, algo menudo y carente de importancia para otra persona quizá, pero muy significativo a sus ojos...
-Usted, monsieur Poirot, debe estar pensando en una cosa concreta, en un incidente bien definido.
-He de admitir que sí.
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