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Las manzanas (Agatha Christie) - pág.106

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No tiene que pensar en desaparecer de la noche a la mañana. Ahora habla como una niña.
-Dispongo de bastante dinero. Siempre he procurado ahorrar, cuando mi situación me lo ha permitido -Olga Seminoff hizo una pausa, agregando-: Usted ha intentado mostrarse complaciente conmigo. Sí. Creo que no me equivoco... Pero no hará nada por mí prácticamente... No obstante, yo encontraré a alguien que me ayude de una manera efectiva. Seguro que lo encontraré. Y me esfumaré. Iré a parar allí donde nadie pueda localizarme nunca.
El señor Fullerton se dijo que, desde luego, nadie había dado con ella. Habíase preguntado en muchas ocasiones dónde estaba, dónde podría estar...


CAPITULO XIV
Ya en «Apple Trees», Hércules Poirot fue introducido en el cuarto de estar. Le dijeron que la señora Drake no tardaría en hacer acto de presencia allí.
Al deslizarse por el vestíbulo oyó un rumor de voces femeninas al otro lado de una puerta que resultó ser la del comedor.
Poirot cruzó el saloncito de estar, acercándose a la ventana, desde la cual inspeccionó el limpio y grato jardín que rodeaba la vivienda. Estaba bien atendido, evidentemente. Había un orden en su vegetación. Sobrevivían allí plantas de otoño, cuidadosamente sostenidas por varitas colocadas de un modo estratégico. Los crisantemos no habían renunciado del todo a la vida. Y había alguna que otra valiente rosa que contemplaba con desdén la llegada inminente de la época más cruda del invierno.
Poirot no logró dar con ningún indicio revelador de la presencia, incluso en actividades preliminares, de un especialista en jardinería, de un profesional. Todo aquí era convencional. Se preguntó si la señora Drake había sido demasiado fuerte para Michael Garfield. Habría extendido sus cebos en vano. Allí no había más que un jardín suburbano maravillosamente atendido.
Abrióse la puerta de la estancia.
-Lamento haberle hecho esperar, monsieur Poirot -dijo la señora Drake.
Afuera en el vestíbulo, el rumor de voces era cada vez más débil. Varias personas salían de la casa.
-Nos hemos estado ocupando de las fiestas navideñas en nuestra iglesia -explicó la señora Drake-. Acabamos de celebrar la reunión de costumbre por esta época. Hay que anticiparse, ya se sabe. Los preliminares suelen durar más que las fiestas en sí, desde luego. Siempre surge alguien que pone peros a cualquier proyecto... También se da en ocasiones con la persona que aporta la idea más provechosa... aparentemente. Y es que la mejor idea resulta ser casi siempre la más irrealizable.


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