Las manzanas (Agatha Christie) - pág.105
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¿Qué es lo que puedo hacer yo aquí, en las presentes circunstancias? ¿Por qué se niega a informarme sobre el particular?
-Es que yo no creo que tenga usted muchas salidas -respondió el señor Fullerton-. Creo que lo que más le conviene es sincerarse, no dar más vueltas a la cosa...
-Si yo digo lo que usted me aconseja que diga no revelaré más que mentiras, no declararé la verdad. El testamento válido fue obra de la señora. Lo redactó ella... Me ordenó que saliera de la habitación en que se encontraba mientras los otros firmaban al pie del documento.
-Sepa que esgrimirán pruebas contra usted. Hay personas que dirán que muy a menudo la señora Llewellyn-Smythe no sabía lo que firmaba. Manejaba a veces varios papeles a un tiempo y no siempre releía los textos que se le ponían delante.
-Bien. Entonces no sabía ni lo que se decía...
-Mi querida amiga -contestó el señor Fullerton-: sus mejores esperanzas radican en el hecho de ser en este país una extranjera y en el de conocer el idioma inglés de una forma más bien rudimentaria. Por tal motivo, podría salir del trance con una condena de poca importancia..., o dejada en libertad vigilada...
-¡Oh! ¡Palabras! ¡Sólo palabras! Lo más seguro es que acabe ingresando en cualquier prisión para no recuperar la libertad jamás.
-Ahora empieza usted a decir insensateces -señaló el señor Fullerton.
-Sería mejor, seguramente, que huyese, escondiéndome en cualquier parte, de suerte que nadie pudiera ya dar conmigo.
-En cuanto circulase una orden decretando su detención, darían con usted.
-En modo alguno, si yo me decidiese a actuar con la máxima rapidez. O si diese con alguien que me ayudara. Lo de huir no es ninguna utopía. Podría salir de Inglaterra. Por via marítima o aérea. No me costaría trabajo localizar a alguien que se dedicase a falsificar pasaportes y visados u otros papeles necesarios. ¿Por qué no he de encontrar una persona que se decida a hacer algo por mí? Tengo amigos. Hay gente que me aprecia. Alguien podría ayudarme a desaparecer de aquí. Es lo que necesito... Podría disfrazarme. ¿Por qué no hacerme pasar por una mujer inválida, por ejemplo?
El señor Fullerton se había puesto serio al llegar la conversación a este punto.
-Mire, Olga... Yo siento mucho todo lo que sucede. La recomendaré a un abogado, quien hará cuanto esté en su mano para favorecerla.
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