Las manzanas (Agatha Christie) - pág.49
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No pierdas de visto eso, Elspeth: le costó la vida.
-Es verdad -repuso la señora Mackay-. Y por tal razón he admitido la posibilidad del error. No obstante, no hay más que preguntar a cualquiera de sus amigas y conocidas para convencerse de que las mentiras salían de su boca con la mayor naturalidad. Joyce tomaba parte en una reunión, y se mostraba excitada. Estaba empeñada en producir cierta impresión...
-En realidad, en la reunión nadie creyó en sus palabras -alegó Poirot.
Elspeth Mackay movió la cabeza dubitativamente.
-¿A quién pudo haber visto asesinar ella? -inquirió Poirot. Su mirada pasó alternativamente desde el superintendente a su hermana...
-A nadie -replicó la señora Mackay, con decisión.
-Aquí tienen que haberse producido algunas muertes a lo largo de..., por ejemplo, los tres últimos años.
-Naturalmente -comentó Spence-. Las de costumbre... Ha habido gente de edad, personas inválidas que... Se ha hablado también de algún que otro motorista atropellado por un coche...
-¿No saben ustedes nada acerca de una muerte inesperada fuera de lo normal...?
-Pues... -Elspeth vaciló una vez más-. Yo diría que...
Medió Spence en la conversación, ahora.
-Aquí he anotado unos cuantos nombres -dijo aquél, tendiendo una nota a Poirot-. He querido ahorrarle algunas molestias, evitarle algunos pasos...
-¿Me sugiere aquí algunas víctimas?
-No sé... Hay algunas posibilidades...
Poirot leyó lo escrito en voz alta:
-La señora Llevellyn-Smythe. Charlotte Benfield. Janet White. Lesley Carrier...
Poirot hizo una pausa. Mirando a sus interlocutores, repitió el primer apellido.
-La señora Llewellyn-Smythe...
-Pudiera ser -comentó la señora Mackay-. Sí. Ahí pudiera usted dar con algo interesante.
La hermana de Spence añadió unas palabras confusas que dejaron desconcertado a Poirot.
-Hubo allí una muchacha que desapareció cierta noche -manifestó Elspeth-. Nadie volvió a oír hablar de ella.
-¿En relación con la señora Llewellyn-Smythe?
-Sí. Se trataba de la doncella. Ésta pudo muy bien haber vertido algo en cualquiera de los medicamentos que tomaba su señora... Y entró en posesión de todo su dinero, ¿no? ¿Es acaso lo que se imaginó que sucedería en su día?
Poirot miró a Spence, en demanda de aclaraciones.
-Y ya no se volvió a saber de ella jamás -declaró la señora Mackay-. Con estas chicas extranjeras siempre acaba pasando lo mismo. Poirot aventuró ahora:
-¿Tenía la señora Llewellyn-Smythe en su casa a alguna chica au pair?
-Exactamente. La muchacha vivía con la anciana dama, desapareciendo una semana o dos después del fallecimiento de su señora.
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