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Las manzanas (Agatha Christie) - pág.48

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Página 48 de 184


-Probablemente. Ya le habrán hablado de la historia del viaje a la India, ¿no es así? Hubo algunos oyentes de sus fantasías que la creyeron... La cosa se fundamentó en unas vacaciones pasadas en el extranjero por uno de sus familiares... No sé si fue su padre o su madre quien visitó la India o si la expedición fue emprendida por su tío o su tía... El caso es que la muchacha, al final de aquellas vacaciones, se hizo con un buen repertorio de cuentos. hablaba de no sé qué maharajá, de una cacería de tigres con elefantes. Mucha gente se hacía lenguas ante sus experiencias. Yo pensé, en seguida que pasó aquello, que la chica había puesto muchos detalles de su invención. Me figuré al principio que exageraba. ¡Ah! Pero sus historias crecían y crecían. Cada vez se encontraban más tigres en ellas. Usted ya me entiende, ¿no? El número de tigres y de elefantes llegó a ser exagerado. No le venían de nuevo a la niña, además, tales cuentos...
-¿Andaba siempre procurando llamar la atención?
-Ha dado usted en el clavo. La muchacha se perecía por acaparar la atención de los demás.
-Bueno, bueno -objetó el superintendente-, pero por el hecho de haber urdido toda una historia en torno a un viaje que nunca realizó no se puede afirmar que todo cuanto dijo la muchacha era mentira.
-Seguro que dijo algunas verdades también -manifestó Elspeth-, pero yo me atrevería a afirmar que aquéllas no fueron demasiadas.
-De manera que en el caso concreto de Joyce Reynolds presentándose como testigo presencial de un crimen, usted diría que lo más probable es que estuviese mintiendo, inclinándose por considerar sus manifestaciones en ese sentido una pura patraña...
-Tal vez sería mi actitud, sí -respondió la señora Mackay.
-Pudieras incurrir en un error -medió su hermano.
-Pues sí -repuso ella-. Cualquiera está expuesto a ello. Esto me hace pensar en la vieja historia del chico que gustaba de dar voces de alarma con excesiva frecuencia, exclamando: «¡El lobo! ¡El lobo!» Más adelante, cuando se enfrentó realmente con el lobo, nadie le creyó, de modo que la fiera terminó por despedazarle tranquilamente.
-Concretando, pues...
-Yo diría todavía que lo más probable es que la chica estuviese mintiendo en aquellos momentos. No quiero, sin embargo, extremar las cosas. Pudo ser que ella viese algo. No precisamente lo que dijo, siendo algo...
-Siendo por ello asesinada -manifestó el superintendente Spence-.


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