Las manzanas (Agatha Christie) - pág.39
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Y en el caso contrario, podríamos llegar hasta ciertas personas que la miraran con especial antipatía...
-Bueno, supongo que eso no es cuestión de simpatías o antipatías...
-Pudiera serlo. Tengo entendido también que en la reunión declaró haber sido testigo de un crimen.
-¡Oh, ya salió eso! -exclamó la señora Drake, desdeñosamente.
-¿No tomó usted su declaración en serio?
-Naturalmente que no. Lo que dijo fue una tontería.
-¿Cómo fue llegar a hacer tal afirmación?
-La presencia de la señora Oliver aquí suscitó el interés de las muchachas. No en balde es usted una persona famosa, amiga mía -manifestó la señora Drake, dirigiéndose a Ariadne.
Aquellas dos palabras últimas de su frase salieron de los labios de la dueña de la casa sin la más mínima inflexión de entusiasmo.
-No creo que aquello se hubiese producido de otro modo... El caso es que las muchachas andaban algo excitadas con la presencia de la conocidísima escritora...
-Y entonces Joyce declaró que había visto a alguien cometer un crimen -señaló Poirot, pensativo.
-Sí, Joyce dijo eso o algo por el estilo. Yo, la verdad, ni siquiera la escuchaba realmente.
-Pero usted recuerda que ella dijo eso, ¿no?
-¡Oh, sí! Lo dijo, desde luego. Pero yo no di crédito a sus palabras -manifestó la señora Drake-. Su hermana la hizo callar, muy oportunamente.
-Y la chica, por este motivo, se enojó, ¿no?
-En efecto, insistiendo en que era verdad lo que había dicho.
-O sea, alardeó de haber sido testigo de un crimen.
-Si usted lo quiere expresar de este modo, sí.
-Podía ser verdad lo que afirmaba -declaró Poirot.
-¡Qué disparate! Yo no la creí, ni por un momento -manifestó la señora Drake-. Aquélla era una estupidez de las de Joyce.
-¿Era una estúpida la muchacha?
--Bueno, era una chica a quien agradaba mucho causar sensación donde estaba -declaró la señora Drake-. En todo caso, siempre pretendía haber hecho o visto más que cualquiera de sus amigas.
-No era una criatura que cayera bien a la gente -aventuró Poirot.
-Desde luego que no. Era una de esas chicas a quienes hay que forzar a guardar silencio.
-¿Cómo reaccionaron sus conocidas y amigas? ¿Se sintieron impresionadas?
-Se burlaron de ella. Naturalmente, esto no hizo más que empeorar las tosas.
-Bien -dijo Poirot, poniéndose en pie-. Me satisface mucho poseer una información directa en lo tocante a ese punto -inclinóse cortésmente sobre su mano-.
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