Las manzanas (Agatha Christie) - pág.38
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-La víctima constituye siempre un elemento de gran importancia -declaró Poirot-. Sepa usted que a menudo, la víctima es la causa del crimen.
-Bueno, supongo que comprendo lo que quiere decir -manifestó la señora Drake, a quien, evidentemente, se le notaba lo contrario-. ¿Volvemos al cuarto de estar?
-Y ya en él me hablará de Joyce -sugirió Poirot.
Tornaron a acomodarse en los mismos sillones.
La señora Drake se hallaba ahora un tanto perturbada.
-No sé qué quiere oír de mí, monsieur Poirot -declaró-. Seguramente, la información que usted necesita puede obtenerla consultando a la policía o a la madre de la chica. Será muy doloroso para la pobre mujer, pero...
-No me interesa el juicio de una madre que llora a su hija muerta -repuso Poirot-. A mí me parece más reveladora y directa la opinión de cualquier otra persona con un buen conocimiento de la humana naturaleza. Me atrevería a afirmar, madame, que usted ha sido una activa trabajadora en el sector social, dentro de esta comunidad. Creo que no hay nadie con mejores cualidades que usted para resumir el carácter y condiciones de la niña desaparecida.
-Bien... Resulta un poco difícil... Pasa siempre lo mismo con los chicos de esa edad... Ella tenía trece años. Doce o trece... A esa edad todos son iguales.
-Desde luego que no. Perdone, madame. Las diferencias tanto en el carácter como en sus aptitudes, de una chica a otra, varían muchísimo. ¿Era de su agrado la muchacha?
La señora Drake pareció considerar la pregunta un poco impertinente.
-Pues... Desde luego, me... agradaba. Quiero decir... Bueno. Los niños me gustan. A la mayor parte de la gente le ocurre lo mismo.
-Tampoco en eso estoy de acuerdo con usted -declaró Poirot-, yo conozco chicos y chicas que no tienen ningún atractivo.
-Es verdad, sí... Lo cierto es que, generalmente, las criaturas actuales no están bien educadas. Todo parece ser dejado a los profesores y ellas se toman demasiadas libertades. Eligen sus amigos libremente y... ¡ejem!... ¡Oh, monsieur Poirot!
-¿Era una chica agradable Joyce o no lo era? -insistió Hércules Poirot. La señora Drake le miró y su gesto traducía una grave censura.
-Hágase cargo, monsieur Poirot: Joyce, esa pobre criatura, está muerta.
-Muerta o viva, eso es algo que importa mucho. Si era una niña agradable con todos resultará más difícil de explicar la existencia de alguien dispuesto a atentar contra su vida.
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