Las manzanas (Agatha Christie) - pág.24
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.. Yo he terminado ya definitivamente con el mundo del crimen. De modo muy especial con el tipo de delitos que actualmente se dan...
-A uno de ésos quería referirme precisamente ahora.
-¿Se está usted refiriendo al de la chica que murió ahogada en un cubo, que fue encontrada con la cabeza metida dentro de él?
-Sí -respondió Poirot.
-No sé por qué ha venido usted a verme -declaró Spence-. Yo ya no tengo nada que ver con la policía. Todo lo mío pertenece al pasado.
-Usted fue policía y seguirá siéndolo mientras viva -observó Poirot-. Es lo que nos sucede a todos. Es decir, el punto de vista del policía prevalece siempre sobre el del hombre corriente y moliente. Sé muy bien con quién estoy hablando. Yo empecé a trabajar dentro de las fuerzas policíacas de mi país.
-Es verdad. Recuerdo que me dijo eso mismo en otra ocasión. Bueno, supongo que el punto de vista de uno ha de resultar algo retorcido, forzado. Piense usted que hace mucho tiempo que renuncié a mis actividades profesionales cotidianas.
-Usted habrá oído comentarios, no obstante -señaló Poirot-. Usted tiene amigos en su misma profesión. Tiene que haberse enterado forzosamente de lo que piensan o sospechan, de lo que saben, incluso.
Spence suspiró.
- Uno sabe demasiadas cosas -declaró-, lo cual constituye una de las molestias peculiares de hoy. Se comete un crimen, un crimen de corte familiar y se sabe, es decir, saben, lo policías en activo, quién es, probablemente, el autor del delito. No dicen nada a los periódicos, pero los agentes hacen sus averiguaciones y se enteran. Esto no quiere decir que vayan a ir más lejos... bueno, ciertas cosas presentan sus dificultades.
-¿Está usted pensando en las esposas, en las amigas y todo lo demás?
-En parte, sí. Al final quizás la policía de turno da con su hombre. A veces transcurre un año o dos. Yo aseguraría, Poirot, que actualmente las chicas incurren en errores de elección a la hora del matrimonio con más frecuencia que en mis buenos tiempos.
Hércules Poirot consideró detenidamente aquella cuestión acariciándose el bigote.
-Sí -resolvió-. Es posible que tenga usted razón. Sospecho que la mayor parte de las muchachas han sentido debilidad por hombres de pésimas cualidades, en posesión de atractivos puramente externos, muy discutibles. Lo que ocurre es que en el pasado muchas de ellas tuvieron sus buenos «guardaespaldas».
-Cierto.
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