Las aventuras de Johnnie Waverly (Agatha Christie) - pág.6
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-No pudo ser Tredwell quien le diera el paquete..., si es que alguien lo hizo, cosa que no creo... Ese hombre dice que se lo dieron a las diez, y a las diez Tredwell se hallaba con mi esposo en el salón de fumar.
-¿Pudo distinguir el rostro del hombre que conducía el automóvil, monsieur?
-Estaba demasiado lejos para poder verle la cara.
-¿Sabe si Tredwell tiene algún hermano?
-Tuvo varios, pero han muerto todos. Al último lo mataron en la guerra.
-Todavía no estoy muy familiarizado con los parques de Waverly Court. Dice usted que el automóvil iba en dirección a South Lodge. ¿Hay alguna otra entrada?
-Sí; la que llamamos East Lodge.
-Es extraño que nadie viera entrar el coche en el parque.
-Existe un derecho de paso por un camino que da acceso a la capilla. Muchos vehículos pasan por ahí. Ese hombre debió detener el coche en un lugar conveniente y correr hasta la casa precisamente cuando se acababa de dar la alarma y toda la atención estaba concentrada en otra parte.
-A menos que ya estuviera dentro de la casa -susurró Poirot-. ¿Hay algún sitio donde pudo esconderse con seguridad?
-Bueno, cierto es que no registramos de antemano la casa. No lo consideré necesario. Supongo que pudo haberse escondido en cualquier parte, pero, ¿quién pudo dejarle entrar en la casa?
-Ya llegaremos a eso más tarde. Cada cosa a su tiempo... y seamos metódicos. ¿Existe algún escondite especial en la casa? Waverly Court es una mansión antigua, y algunas veces estos lugares tienen «Agujeros Secretos», como se les llama.
-¡Cielos, existe un Agujero Secreto! Se entra por uno de los paneles del vestíbulo.
-¿Cerca de la Cámara del Consejo?
-Precisamente al lado de la puerta.
-Voilá!
-Pero nadie lo conoce, excepto mi esposa y yo.
-¿Y Tredwell?
-Bueno..., es posible que haya oído hablar de él.
-¿La señorita Collins?
-Nunca lo he mencionado en su presencia.
-Bien, monsieur, ahora lo que debo hacer es ir a Waverly Court. ¿Le parece bien que vaya esta tarde?
-¡Oh! Tan pronto como le sea posible, por favor, monsieur Poirot -exclamó la señora Waverly-. Lea esto una vez más.
Y puso en sus manos la última misiva del enemigo, que había llegado a Waverly aquella mañana y que se apresuraron a remitir a Poirot. En ella se daba indicaciones explícitas para efectuar la entrega del dinero y finalizaba con la amenaza de que el niño pagaría con su vida cualquier traición.
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