La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.142
Indice General
|
Volver
Página 142 de 145
Naturalmente, Ellis sólo vio el paquete. No tenía la menor idea de lo que había dentro. También lady Edgware cogió unas gafas de Ellis para ayudar a Charlotte en la caracterización de mistress Van Deusen. Se las olvidó en el monedero de Charlotte Adams. Esa es su única equivocación. Todo esto se me ocurrió mientras permanecía en medio de la calle. ¡Ellis! ¡Las gafas de Ellis! ¡Ellis yendo a buscar la cajita a París! ¡Ellis y, por tanto, Jane Wilkinson! Además, es muy posible que le quitase a su camarera algo más que las gafas.
-¿Qué?
-Un bisturí de los callos.
Me estremecí. Hubo un silencio momentáneo. Luego Japp dijo con una extraña confianza:
-Poirot, ¿es eso cierto?
-Certísimo, mon ami.
Entonces empezó a hablar Bryan Martin, y sus palabras fueron dignas de él.
-Vamos a ver -dijo de mal humor-. ¿Por qué se me ha hecho venir aquí? ¿Por qué se me ha dado un susto mortal?
Poirot le miró fríamente.
-Para castigarle. Para castigarle por haber sido impertinente. ¿Quién le mandó jugar con Hércules Poirot?
Entonces Jenny Driver se echó a reír a carcajadas.
-Que te sirva de lección, Bryan -dijo al fin, y se volvió hacia Poirot-: Me alegro muchísimo de que no sea culpable Ronnie Marsh -dijo-. Me es muy simpático. Estoy contentísima de que la muerte de Charlotte no quede impune. En cuanto a Bryan, le voy a decir a usted una cosa en confianza, monsieur Poirot: me caso con él. Y si cree que podrá divorciarse de mí para casarse dos o tres veces más, a estilo Hollywood, se equivoca lamentablemente. Si se casa conmigo, me tendrá que aguantar.
Poirot la miró, observando su mentón audaz y su rojo cabello.
-Es muy posible que sea así, señorita -dijo-. Aseguraría que tiene usted valor para todo, hasta para casarse con un actor de cine.
CAPITULO TREINTA Y UNO
UN DOCUMENTO HUMANO
Unos días más tarde tuve que salir inesperadamente para la Argentina. Por tanto, no volví a ver a Jane Wilkinson. Por los periódicos me enteré de que en el juicio oral había sido condenada a muerte. Al ver que toda la verdad había sido descubierta, su ánimo decayó. Mientras se creyó a salvo, no cometió ninguna imprudencia; pero en cuanto perdió la confianza en sí misma, se desmoronaron su altivez y serenidad y se portó como una criatura.
Como ya he dicho, la última vez que la vi fue en la comida que dieron los Widburn.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-145
|