La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.135
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Poirot continuó:
-Usted se rió de que lord Edgware pudiera acceder al divorcio. Usted creyó que yo iría a verle al día siguiente; pero poco después la fecha de entrevista se varió. Fui a visitarle aquella misma mañana, y él accedió a divorciarse. No había, pues, ningún motivo para que lady Edgware cometiese el crimen. Es más, lord Edgware me dijo que ya había escrito a su mujer en ese sentido. Pero lady Edgware declara que no ha recibido semejante carta. O bien ella miente, o mintió su marido o alguien interceptó la carta. ¿Quién? Ahora me pregunto yo: ¿por qué se tomó la molestia míster Bryan Martin de venir a verme para contarme todos aquellos embustes? ¿Qué interés le movía a hacerlo? Creo que usted estuvo muy enamorado de esa señora. Lord Edgware me dijo que su mujer quería casarse con un actor. Supongamos por un momento que eso es verdad, pero que la señora cambia de idea, y que cuando llega la carta de lord Edgware, accediendo al divorcio, Jane Wilkinson se quiere casar con alguien que no es usted. He ahí una razón para que usted sustrajese la carta.
-Yo, nunca... -dijo Bryan Martin.
-Actualmente puede usted decir lo que le parezca, pero haga el favor de atenderme. ¿Qué pasó entonces por su cerebro; usted, el ídolo de la multitud, que jamás había conocido una negativa? Le cegó el odio y el deseo de causar a lady Edgware tanto mal como fuese posible. ¿Y qué mayor daño podía causarle que acusarla de asesinato?
-¡Dios mío! -exclamó Japp.
Poirot se volvió hacia él:
-Sí; esa es la idea que empezó a forjarse en mi mente. Varias cosas contribuyeron a reforzarla. Charlotte Adams tenía dos excelentes amigos, el capitán Marsh y Bryan Martin. Si alguno de ellos podía ofrecer diez mil dólares por la farsa, había de ser, forzosamente, Bryan Martin, porque era el único rico de los dos. Siempre me pareció fantástico que Charlotte Adams pudiese creer que Ronald Marsh poseería alguna vez diez mil dólares para entregárselos a ella, pues conocía perfectamente su situación económica. Bryan Martin era el único probable.
-Yo no hice eso, se lo juro. No lo hice -dijo indignado el actor. Poirot continuó, sin hacerle caso:
-Cuando telegrafiaron el contenido de la carta de Charlotte Adams, oh, la la!, quedé asombradísimo. Al parecer, mi hipótesis era totalmente equivocada. Pero más tarde hice un descubrimiento.
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