La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.133
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Me quedé boquiabierto.
CAPÍTULO VEINTINUEVE
POIROT HABLA
A la mañana siguiente me tocó telefonear al inspector Japp. Su voz, al contestarme, parecía cansada.
-¡Ah! ¿Es usted, capitán Hastings? Bien; ¿qué sucede?
Le transmití el mensaje de Poirot.
-¿Que vaya a las once? Está bien; creo que podré hacerlo. ¿Sabe si quiere hablarme Poirot de algo relacionado con la muerte del joven Ross? No sé si podremos descubrir nada. No hay el menor rastro. Es la cosa más misteriosa que he visto.
-Creo que se trata de alguna noticia para usted -dije reservadamente-. De todas maneras, él parece muy satisfecho de sí mismo.
-Es un estado en el que yo no me encuentro, se lo aseguro. Bueno; adiós, capitán Hastings; a las once estaré allí.
Después telefoneé a Bryan Martin y le transmití el encargo de Poirot, o sea, que Poirot había descubierto algo interesante y que creía que le gustaría saberlo a míster Martin. Cuando me preguntó en qué consistía el descubrimiento, le contesté que no tenía la menor idea, puesto que Poirot no se había confiado a mí. Hubo una pausa.
-Muy bien -dijo al fin Martin-; iré -y colgó el aparato.
En seguida, con gran sorpresa por mi parte, Poirot telefoneó a Jenny Driver y le preguntó si podría estar también presente.
Luego se sentó y quedóse muy serio. Conociéndole como le conocía, no le hice ninguna pregunta.
Bryan Martin fue el primero en llegar. Parecía de muy buen humor y en perfecto estado de salud, pero -tal vez fuese sólo imaginación mía- me pareció notar en él un ligero malestar. Jenny Driver llegó momentos después. Se sorprendió mucho al ver a Bryan Martin, y éste compartió su asombro.
Poirot acercó dos sillas y les invitó a sentarse. Luego, mirando su reloj, dijo:
-Supongo que el inspector Japp estará aquí dentro de unos instantes.
-¿El inspector Japp? -Bryan se sobresaltó.
-Sí; le he pedido que venga como un amigo más.
-Comprendo -dijo Martin.
Quedó otra vez silencioso. Jenny le echó una rápida ojeada, y luego miró hacia otro lado. Parecía preocupada por algo.
Poco después entró Japp.
Me figuro que debió sorprenderle encontrar allí a Bryan Martin y a Jenny; pero si así fue, no lo demostró. Saludó a Poirot como siempre.
-¿Qué tal? ¿Cómo está usted, Poirot? Supongo que tendrá alguna nueva y maravillosa idea, ¿no es verdad?
-No; no se trata de nada maravilloso -contestó Poirot-; sólo es una sencilla historia, tan sencilla, que me avergüenzo de no haberla comprendido en seguida.
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