La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.125
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Se levantó y fue hacia su escritorio; lo abrió y sacó la carta que Lucy Adams le había enviado desde América. Le había pedido a Japp que le permitiese guardarla durante unos días, y Japp había accedido.
Los minutos pasaban; empecé a bostezar, y para distraerme cogí un libro. No creía que Poirot sacase nada en limpio de su estudio. Habíamos mirado y remirado la carta, y excepto el hecho de que no se refería a Ronald, no habíamos encontrado nada más.
Fui volviendo página tras página y empecé a adormilarme. De repente, Poirot lanzó un grito. Me levanté asustado. Poirot me estaba mirando con una expresión indescriptible en sus brillantes ojos.
-¡Hastings, Hastings!
-¿Qué pasa?
-¿Te acuerdas de que te dije que si el asesino hubiese sido un hombre ordenado y metódico, en lugar de rasgar la página la hubiese cortado?
-Sí.
-Pues me equivoqué. En este crimen hay orden y método. La página tenía que ser rasgada y no cortada. Mira por ti mismo. Miré.
-Eh bien? ¿Lo ves?
Hice un gesto negativo.
-¿Quieres decir que tenía prisa y que por eso la rasgó?
-Con prisa o sin ella, hubiese hecho lo mismo. ¿No lo ves? La página tenía que ser rasgada... Moví la cabeza. Con voz muy baja, Poirot dijo:
-He estado loco, ciego; pero ahora..., ahora lo descubriremos.
CAPÍTULO VEINTISIETE
LAS GAFAS
Un minuto después su estado de ánimo cambió. Se puso en pie y yo le imité, sin comprender nada, pero gustoso.
-Cogeremos un taxi -dijo Poirot-. No son más que las nueve. Aún podemos hacer una visita. Bajamos la escalera.
-¿A quién hemos de visitar?
-Vamos a Regent Gate.
Poirot, como ya hemos dicho, no era persona que se prestase a interrogatorios. Vi que estaba muy excitado. En cuanto estuvimos sentados en el taxi, sus dedos empezaron a tamborilear nerviosamente sobre sus rodillas, con una impaciencia extraña en él, que siempre estaba tranquilo.
Empecé a recordar, palabra por palabra, toda la carta de Charlotte Adams a su hermana, pues había llegado a sabérmela de memoria, y me repetí una vez tras otra lo que había dicho Poirot acerca de la página rasgada.
Cuanto más reflexionaba, menos sentido le encontraba a las palabras de Poirot. ¿Por qué la página tenía que ser forzosamente rasgada? No; no lo entendía.
En Regent Gate nos abrió la puerta un nuevo criado. Poirot le dijo que deseábamos ver a miss Carroll.
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