La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.121
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Me fui paseando por el parque. Llegué a casa a las cuatro. Poirot aún no había vuelto. A las cinco menos veinte llegó. Los ojos le brillaban y parecía estar de un humor excelente.
-Ya veo que has hallado el rastro de los zapatos del embajador.
-Se trataba de un ignominioso medio de contrabando de cocaína. A última hora estuve en un salón de belleza, y, por cierto, que había una muchacha que hubiese robado en seguida tu sensible corazón. Tenía unos cabellos castaños maravillosos.
Poirot tiene una manía de que tengo debilidad por las mujeres de cabellos castaños.
En aquel momento sonó el teléfono.
-Seguramente será Donald Ross -dije mientras me dirigía hacia el aparato.
-¿Donald Ross?
-Sí; el joven que encontramos en Chiswick. Quiere verte acerca de no sé qué asunto -descolgué el receptor-. Dígame, soy el capitán Hastings.
-¡Ah! ¿Es usted Hastings? Soy Donald Ross. ¿Ha vuelto ya monsieur Poirot?
-Sí; ya está aquí. ¿Quiere usted hablar con él, o bien vendrá a verle?
-Como es una cosa muy corta, prefiero decírsela por teléfono.
-Entonces aguarde un momento.
Poirot se puso al aparato. Me quedé tan cerca de él, que podía oír perfectamente la voz de Ross.
-¿Es usted, monsieur Poirot? -la voz parecía muy excitada.
-Sí, soy yo.
-No quisiera molestarle, pero me ha ocurrido algo muy extraño que está relacionado con la muerte de lord Edgware. Poirot se irguió.
-Siga, siga.
-Tal vez a usted le parezca falto de sentido.
-No; y aunque así fuera, debe decírmelo.
-Fue la palabra «París» la que ha motivado mi... -en el otro extremo del hilo se oyó claramente el sonido de un timbre-. Un momento -dijo Ross.
Se oyó el ruido que produjo el teléfono al chocar contra la mesa.
Pasaron dos minutos, tres minutos, cuatro minutos, cinco minutos. Poirot golpeaba nerviosamente el suelo.
Al fin cortó la comunicación y llamó a la central. Después de unos momentos se volvió hacia mí:
-El teléfono de Ross está descolgado, no contesta nadie. Pronto, Hastings, busca la dirección de Ross en la guía telefónica. Tenemos que ir allí en seguida.
CAPÍTULO VEINTISÉIS
¿PARÍS?
Pocos minutos después íbamos en un taxi. Poirot estaba muy preocupado.
-Tengo miedo, Hastings -me dijo.
-No querrás decir... -dije, y me detuve.
-Nos encontramos ante alguien que ha matado ya a dos personas. Esa persona no dudará en matar de nuevo. El criminal se revuelve como una rata tratando de salvar su vida.
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