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La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.114

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Él le debió de dar las últimas instrucciones.
En cuanto a lo que sucedió con la carta, eso no lo sabemos; sólo se pueden hacer conjeturas. Tal vez la llevase en la mano para echarla al correo y la dejó sobre la mesa del restaurante. Él debió leer la dirección, y presintiendo un peligro se apoderó de ella hábilmente; después, con cualquier excusa, abandonó la mesa y fue a leerla; rasgó la hoja y la volvió a dejar sobre la mesa o se la entregó al marcharse, diciéndole que se le había caído sin ella darse cuenta. La forma en que esto ocurrió no tiene importancia; lo que se ve claro es que Charlotte estuvo con el asesino aquella noche, antes del crimen o después, puesto que cuando salió de la Córner House había tiempo suficiente para una corta entrevista. Me figuro, aunque tal vez me equivoque, que fue el asesino quien le entregó la cajita de oro, quizá como recuerdo de su primer encuentro. Si así fue, el asesino es «D».
-No veo qué papel puede jugar en este asunto la cajita de oro.
-Óyeme, Hastings: Charlotte Adams no tomaba veronal. Lo afirma así su hermana, y yo lo creo. Era una muchacha inteligente y sensata, que no sentía ninguna inclinación por esas cosas. Ninguna de sus amigas ha visto esa caja. Ni siquiera su criada. Entonces, ¿cómo es que se encontró en su poder después de muerta? Sencillamente, para dar la impresión de que había tomado veronal y de que lo venía tomando desde hacía por lo menos seis meses. Pues bien: hay que suponer que se encontró con el asesino, aunque sólo fuese cinco minutos. Que bebieron juntos para celebrar el éxito de la broma y que en el vaso de la muchacha puso el suficiente veronal para impedir que se despertase a la mañana siguiente.
-Es horrible -dije estremeciéndome.
-Sí; no es muy agradable -afirmó Poirot secamente.
-¿Le vas a contar todo eso a Japp?
-De momento, no. ¿Qué podría decirle en concreto? El excelente Japp me contestaría que era un exceso de imaginación y que la muchacha había escrito en una hoja cualquiera. C´est tout.
Miré hacia el suelo. Poirot continuó:
-¿Qué le contestaría yo? Nada, puesto que es una cosa muy verosímil, aunque yo sé positivamente que no fue así, porque, sencillamente, es imposible -se detuvo un momento. Su rostro reflejaba preocupación-. Si ese personaje fuese metódico y ordenado, hubiese cortado la hoja en lugar de arrancarla, y de ese modo no nos hubiéramos dado cuenta de nada en absoluto.


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