La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.108
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De todas maneras, si el accidente no hubiese ocurrido, él tendría seguramente algún plan para con ella. Le habría asustado, le hubiera dicho que la detendrían por asesina si contaba la verdad y luego la habría acabado de tranquilizar con una buena cantidad de dinero.
-Pero... -Poirot le miró fijamente-, ¿acaso cree usted que miss Adams hubiese permitido que ahorcasen a otra mujer, poseyendo ella las pruebas que podían salvarla?
-Jane Wilkinson no hubiese sido ahorcada. La cena de sir Montagu era una prueba muy fuerte.
-Pero el asesino no lo sabía. Él contaba con que Jane Wilkinson sería ahorcada y que Charlotte Adams guardaría secreto.
-A usted le gusta mucho hablar por hablar, amigo Poirot, y ahora está firmemente convencido de que Ronald Marsh es un angelical muchacho, incapaz de hacer nada malo. ¿Cree usted ese cuento de que vio entrar subrepticiamente a un hombre en la casa?
Poirot se encogió de hombros.
-¿Sabe usted quién dice que creyó que era? -añadió Japp.
-Me lo imagino.
-El artista de cine Bryan Martin. ¿Qué le parece? Un hombre que no conocía a lord Edgware.
-Sí; resulta bastante extraño que un hombre así entrase con llave en aquella casa.
-¡Ah! -dijo Japp con una expresión de alegría en el rostro-. Y ahora supongo que se sorprenderá usted al enterarse de que Bryan Martin no estaba en Londres entonces. Fue con una joven a cenar a Molesey y no volvieron hasta después de medianoche.
-¡Ah! -dijo Poirot suavemente-. No me sorprende. ¿Pertenece también a la profesión esa joven?
-No; es una muchacha que tiene una tienda de sombreros. Casualmente es la amiga de miss Adams, miss Driver. Supongo que aceptará su declaración sin sospechas.
-Sin duda, amigo mío.
-La historia que nos contó es absurda. Nadie entró en el número diecisiete ni en ninguna de las casas de aquella acera. ¿Qué nos demuestra eso? Pues que su excelencia es un embustero.
Poirot movió la cabeza tristemente, mientras Japp se levantaba, sintiéndose vencedor.
-Estamos en lo cierto, no lo dude, Poirot.
-¿Quién es «D. París, noviembre»? Japp se encogió de hombros.
-Supongo que se trata de una antigua historia. ¿Acaso no puede una muchacha conservar seis meses un recuerdo sin que éste tenga algo que ver con el crimen?
-Seis meses -murmuró Poirot. De pronto brilló en sus ojos una luz-. Rien, que je suis bete!
-¿Qué dice? -me preguntó Japp.
-Vamos a ver -Poirot se puso en pie y golpeó el pecho de Japp-.
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