La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.106
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.. Vamos, no se preocupe más de todo esto. Estoy dispuesto a cargar con la fama o con el descrédito que puedan derivarse de todo ello. Puede resultar esto último, tiene usted razón; pero, de todos modos, yo haré lo posible por procurarme una prueba de culpabilidad. Acaso un abogado hábil pudiera conseguir la absolución de lord Edgware, pues con el jurado todo es posible. Pero aun así no me resultaría ningún perjuicio. Se sabría que habíamos cogido al verdadero culpable, aunque no pudiéramos presentar una prueba palmaria.
Poirot le miró triste e indulgentemente.
-¡Siempre es usted optimista, siempre tiene confianza! Nunca se le ocurre preguntarse si una cosa puede ser o no. Nunca duda; mejor dicho, siempre piensa que todo es fácil.
-A usted le gusta complicarse la vida; a mí, no. Y muchas veces, permítame que se lo diga, se desvía usted. ¿Por qué motivo no puede ser fácil una cosa? ¿Por qué ha de haber perjuicio en una cosa sólo porque sea sencilla?
Poirot le miró, dio un suspiro y movió la cabeza.
-C´est finí. No diré nada más.
-¡Estupendo! -dijo Japp cordialmente-. Y ahora, ¿quiere usted saber lo que he estado haciendo?
-¡Claro!
-Pues bien: vi a Geraldine, y la historia que me contó concuerda exactamente con la de lord Edgware. Sin duda él la instruyó sobre lo que tenía que decir; ella parece que le quiere mucho, pues se conmovió enormemente cuando se enteró de que había sido arrestado.
-¿Y la secretaria, miss Carroll?
-Se quedó muy sorprendida; por lo menos, así me lo pareció.
-Y de las perlas, ¿qué hay? -pregunté-. ¿Era verdad lo que nos contó?
-Totalmente. Las pignoró a la mañana siguiente muy temprano, pero no creo que eso influya en lo esencial del caso. Estoy seguro que el plan ya lo tenía madurado cuando fue al encuentro de su prima en la Ópera. Se le debió de ocurrir de pronto. Estaba desesperado y aquello era una solución. Supongo que meditaría algo por el estilo. Por eso llevaba la llave consigo. Cuando habló con su prima vio que mezclándola a ella en el asunto conseguiría él una mayor impunidad. Le habló, le insinuó lo de las perlas, se las ofreció ella y fueron a buscarlas. En cuanto entró ella en la casa, él la siguió y fue hacia la biblioteca, donde tal vez su tío estaría adormilado en la silla. En menos de dos segundos cometió el asesinato y salió de allí.
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