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La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.105

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Ha de ser tortuoso. Y es que no le gusta la vida normal; por eso hace de la suya una especie de juego. Bueno, se habrá ido a buscar otra pista. Si las cosas salen bien, hasta es capaz de hacer trampa para volverlas más difíciles, más complicadas.
No sabía qué contestarle. Estaba demasiado turbado para poder pensar con claridad. También yo encontraba inexplicable la conducta de Poirot, y aunque apreciaba mucho a mi extraño amigo, me sentía en extremo molesto.
En medio de un profundo silencio entró Poirot en la habitación. Con alegría, vi que venía tranquilo.
Se quitó el sombrero muy cuidadosamente y lo dejó con el bastón sobre la mesa, sentándose en su sillón habitual.
-Me alegro de que esté usted aquí, amigo Japp. Deseaba verle lo antes posible.
Japp le miró sin contestar y aguardó a que Poirot se explicase. Mi amigo empezó a hablar lentamente.
-Ecoutez. Japp. Estamos equivocados, completamente equivocados. Es triste admitirlo, pero hemos cometido un error.
-Está bien -dijo Japp.
-No, no está bien. Es una cosa deplorable y me entristece mucho.
-No se preocupe por ese joven. Tiene merecido todo cuanto le ocurre.
-No me preocupo por él, sino por usted.
-¿Por mí? No tiene usted que preocuparse por mí.
-No lo puedo remediar. ¿Quién fue el que le metió en ese lío? Hércules Poirot. Mais oui, yo le metí en ese enredo. He sido yo quien ha dirigido todo este asunto.
-Pero he sido, yo quien lo ha ejecutado todo -dijo fríamente-. Usted sólo me hizo algunas indicaciones.
-Cela se peut, pero me consuela. Si algún perjuicio... Si perdiese usted su prestigio a causa de mis ideas..., me lo reprocharía toda la vida.
Japp parecía divertido. Creo que suponía que los pensamientos de Poirot no eran nada limpios. Debía de creer que sentía celos de la fama que le valdría haber esclarecido el caso.
-Eso está muy bien -dijo-. No me olvidaré de hacer constar lo que le debo a usted en el esclarecimiento de este suceso -y me hizo un guiño.
-¡Oh, no se trata de eso! -dijo Poirot impaciente-. No deseo fama. Es más, le diré que en este asunto nadie va a ganar la menor fama. Le espera a usted un fracaso, y precisamente yo, Hércules Poirot, soy la causa.
Ante su melancólica expresión, Japp estalló en carcajadas. Poirot le miró, enfadado.
-Perdone, Poirot -se enjugó los ojos-; pero tiene usted un aspecto tan cómico.


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