La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.102
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Me extrañó mucho por dos razones; una, porque aquel sujeto había abierto la puerta con llave, y la otra, porque me pareció reconocer en él a un célebre artista de cine. Estaba tan sorprendido, que quise salir de dudas, al recordar, de pronto, que llevaba la llave de la casa, llave que había perdido hacía unos tres años y que encontré después, cuando menos lo esperaba. Aquella mañana la cogí para entregársela a mi tío; pero con la discusión se me olvidó, y al cambiar de ropa para ir al teatro la metí, distraídamente, con otros objetos en un bolsillo. Después de decirle al chófer que aguardase, me dirigí hacia aquí rápidamente y abrí la puerta. El vestíbulo estaba completamente desierto. No se advertía la presencia de nadie. Durante unos instantes miré a mi alrededor. Luego me dirigí a la puerta de la biblioteca Tal vez el hombre que había visto entrar estaría hablando con mi tío. De ser así, oiría el murmullo de sus voces. Escuché atentamente, pero no oí absolutamente nada. De repente, comprendí que había cometido una verdadera locura. Sin duda, aquel individuo había entrado en otra casa, seguramente la de al lado. Hay que advertir que Regent Gate está muy mal alumbrado durante la noche. La verdad era que había obrado como un verdadero inconsciente. ¿Por qué había tenido que seguir a semejante personaje? Si por casualidad llega a salir mi tío de la biblioteca y me encuentra allí, hubiese puesto a Geraldine en un verdadero compromiso, destruyendo, además, mi única tabla de salvación. Decidí, pues, marcharme inmediatamente -hizo una corta pausa. Luego prosiguió-: Me dirigí lo más sigilosamente posible hacia la puerta, en el mismo momento en que Geraldine bajaba la escalera con las perlas en la mano. Al verme, como era natural, se asustó mucho. Salimos juntos, y una vez en la calle, le conté lo ocurrido. Volvimos a la Ópera. Llegamos en el preciso momento que levantaban el telón. Nadie sospechó que hubiésemos ido tan lejos. Era una noche muy calurosa y muchos espectadores habían salido a la calle a respirar un poco el aire fresco -Ronald se detuvo de nuevo-. Me van ustedes a decir que por qué no les conté esto antes. Y yo les respondo: ¿Es que ustedes declararían teniendo, como tenía yo, motivos para cometer un crimen, que habían estado en la casa donde se cometió ese crimen poco tiempo después de haberse cometido? Francamente, tuve miedo.
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