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La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.100

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A los pocos momentos, el joven lord se reunió con nosotros. Su tranquila sonrisa desapareció al ver la expresión de nuestros rostros.
-¿Cómo está usted, inspector? -preguntó-. ¿De qué se trata? Japp le informó de todo.
-¿Conque se trata de eso? -dijo Ronald.
Acercó una silla y se sentó; luego, sacando una pitillera, dijo:
-Me gustaría, señor inspector, hacer una declaración.
-Eso... como usted quiera.
-Es una locura por mi parte, ya lo sé, pero me es igual. No tengo ningún motivo para ocultar la verdad, como dicen los héroes de novela.
Japp no contestó. Su rostro era más inexpresivo que nunca.
-Mire, aquí hay una mesita y una silla; su subordinado puede sentarse en ella y tomar taquigráficamente nota de mi declaración. La idea de lord Edgware se puso en práctica inmediatamente.
-Como tengo alguna inteligencia -siguió el capitán-, me doy perfectamente cuenta de que mi magnífica coartada ha quedado destruida, de que ya se ha esfumado como el humo, y, en fin, de que los utilísimos Dortheimer no me sirven ya de nada. Lo ha descubierto el chófer del taxi, ¿verdad?
-Conocemos todo cuanto hizo usted aquella noche -dijo Japp.
-En estos momentos siento gran admiración por Scotland Yard; de todos modos, ¿no se les ha ocurrido a ustedes pensar que si yo hubiese venido aquí con el propósito de asesinar a mi tío, no hubiera tomado un taxi y le hubiese dejado esperándome a la puerta? ¡Oh! Ya veo que a monsieur Poirot sí se le ha ocurrido.
-Sí; ya he reflexionado sobre ese detalle -dijo Hércules Poirot.
-Así no se comete un crimen premeditado, señores -dijo Ronald-. Para hacerlo perfectamente se caracteriza uno con gafas o con bigotes rojos y da al chófer la dirección de una de las calles próximas a Regent Gate; una vez allí, se le paga y se le despide. En fin..., no voy a decirles lo que mi abogado dirá mucho mejor que yo. Ya sé lo que van a decir, que el crimen fue un impulso repentino; que mientras esperaba junto al coche cruzó, de pronto, esa idea por mi cabeza e, impulsado por ella, entré en la casa, etcétera, etcétera. Bien; yo les voy a contar toda la verdad. Como les dije, me encontraba sin un céntimo, necesitaba dinero urgentemente. Era un caso desesperado. Si al día siguiente no pagaba cierta cantidad, tendría que huir de Londres. Entonces pensé en recurrir a mi tío.


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