La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.50
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La joven le miró de arriba abajo. Era una muchacha deportiva; por lo nerviosa me recordaba algo a un foxterrier.
-¿Y quiénes son ustedes, vamos a ver? -preguntó bruscamente.
-Mi nombre es Hércules Poirot y mi amigo es el capitán Hastings. Me incliné cortésmente. La mirada de la joven iba de uno a otro.
-He oído hablar de usted -dijo secamente-. Está bien; iré con ustedes -llamó a la rubia-: ¡Dorothy!
-Diga, Jenny.
-Si mistress Lester viniese a buscar el modelo de Hose Descartes que le estamos haciendo, enséñele diferentes plumas. Hasta luego; supongo que no estaremos mucho tiempo fuera
Descolgó un sombrerito negro, se lo puso en una oreja, empolvóse furiosamente la nariz y luego miró a Poirot.
-¡Lista! -dijo bruscamente.
Cinco minutos más tarde estábamos sentados en un pequeño restaurante en Dovert Street. Poirot ordenó al camarero que nos sirviera con prontitud unos combinados.
-Ahora -dijo Jenny Driver -quiero saber qué significa todo esto. ¿En qué lío se enredó Charlotte?
-¿Estaba enredada en algo?
-Vamos a ver, ¿quién hace las preguntas, usted o yo?
-Creo que debería ser yo -dijo Poirot sonriendo-. Según tengo entendido, usted y miss Adams eran muy buenas amigas.
-Es verdad.
-Eh bien, yo le garantizo a usted, señorita, que cuanto hago es sólo en beneficio de su difunta amiga. Tenga la seguridad de que es así.
Hubo unos momentos de silencio mientras Jenny Driver reflexionaba.
-Le creo -dijo-. Ahora hable usted. ¿Qué quiere saber?
-Creo que su amiga comió ayer con usted.
-Sí.
-¿Le explicó por casualidad los planes que tenía para la noche?
-No habló precisamente de la noche.
-Pero ¿le dijo algo?
-Sí; algo que quizá es lo que andan ustedes buscando, pero comprenderán que ella me lo dijo confidencialmente.
-Es natural.
-En fin, yo se lo contaré a mi manera.
-Como usted guste, señorita.
-Verán, Charlotte estaba muy excitada; no se ponía así a menudo, porque su carácter no era ese. En definitiva, no me dijo nada, pues
había prometido guardar silencio, pero algo dejó traslucir. Se trataba de algo así como de un bromazo.
-¿Un bromazo?
-Eso fue lo que me dijo, aunque no añadió cómo, cuándo ni dónde. Sólo... -se detuvo un momento-. Bueno; Charlotte, ¿saben ustedes?, no era de esa clase de gente que se divierte gastando bromas a los demás. Era una de esas muchachas serias, de cerebro equilibrado, que solo piensan en trabajar. Lo que yo supongo es que alguien quería utilizar su habilidad.
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