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La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.49

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De pronto se detuvo, y con gran asombro de los paseantes y mío, se golpeó aparatosamente una mano contra la otra.
-¡No, no, no! -exclamó-. ¿Por qué había de ocurrir ese accidente precisamente en estos momentos? No, no se trata de ningún accidente, no es tampoco suicidio. ¡No! Ella desempeñó un papel, y con eso firmó su sentencia de muerte. Han elegido el veronal porque sabían que solía tomarlo y que tenía en su poder una caja. Pero si es así, el asesino debe de ser alguien que la conocía muy bien. ¿Quién es D.? ¡Oh!, Hastings, daría cualquier cosa por saber quién es D.
-Poirot -dije, mientras él se ponía de nuevo a gesticular-. ¿No sería mejor que nos fuésemos de aquí? Estamos llamando la atención.
-¿Qué dices? ¡Ah!, bueno, sí, es verdad. Aunque no me molesta que la gente me mire; después de todo, no pueden ver mis pensamientos.
-¡Hombre, mira que todo el mundo se ríe!
-Eso no tiene importancia.
No dije nada más. Lo único que afectaba a Poirot era que el sudor atacase la forma de su famoso bigote.
-Tomemos un taxi -dijo, moviendo su bastón.
Se detuvo uno y le indicó la dirección de «Genoveva», en Moffat Street.
Poco después nos deteníamos ante la casa. Subimos unos cuantos escalones y nos encontramos frente a una puerta en la que se veía este letrero: «Genoveva.» «Sírvase entrar.» Obedecimos aquella orden, encontrándonos en una pequeña habitación llena de sombreros y ante una rubia e imponente criatura que avanzó hacia nosotros, lanzando una recelosa mirada a Poirot.
-¿Miss Driver? -preguntó él.
-No sé si podrá recibirles. ¿Tienen la bondad de decirme el objeto de su visita?
-Tenga la bondad de decir a miss Driver que un amigo de miss Adams desea verla.
Apenas acababa de salir aquella belleza rubia cuando una cortina de terciopelo negro se agitó violentamente y una pequeña y vivaz mujercita, de cabellos de fuego, apareció.
-Dígame, señor. ¿De qué se trata? -preguntó.
-¿Es usted miss Driver?
-Sí. ¿Qué le ocurre a Charlotte?
-¿No se ha enterado usted de la mala noticia?
-¿Qué mala noticia es esa?
-Miss Adams murió anoche, mientras dormía, debido a una dosis excesiva de veronal.
-¡Qué cosa tan horrible! -exclamó-. ¡Pobre Charlotte, no puedo creerlo! ¡Si ayer mismo estaba llena de vida!
-Desgraciadamente, es verdad, señorita -dijo Poirot-. Y ahora dígame -miró el reloj-: Es la una, precisamente la hora de comer; le ruego, pues, que nos conceda el honor de venir a comer con nosotros; deseo hacerle algunas preguntas.


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