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La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.47

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Charlotte Adams tenía un aspecto extrañamente apacible; parecía mucho más joven que aquella noche en el Savoy. Hacía el efecto de una muchachita rendida de cansancio que estuviese durmiendo.
Mientras la miraba, el rostro de mi amigo tenía una extraña expresión y le vi hacer el signo de la cruz.
-J´ai fait un serment, Hastings -me dijo al bajar la escalera.
No le pregunté cuál había sido su promesa. Poco después dijo:
-Una cosa me tranquiliza: que no podía salvarla de ninguna manera. Cuando me enteré de la muerte de lord Edgware, ella había muerto ya. Eso me consuela, sí, me consuela mucho.


CAPITULO DIEZ
JENNY DRIVER

Nuestra siguiente diligencia fue visitar al médico, cuya dirección nos había dado la camarera de Charlotte Adams. Dicho médico resultó un inquieto viejecito, de modales algo raros, que conocía a Poirot por su fama y se mostró complacidísimo de conocerle personalmente.
-¿En qué puedo serle útil, monsieur Poirot? -preguntó después que se cruzaron las cortesías de ritual.
-Esta mañana le llamaron a usted, doctor, para asistir a miss Charlotte Adams.
-¡Ah, sí, pobrecilla! ¡Una actriz tan inteligente! Fui dos veces al teatro a verla trabajar. Es una verdadera lástima que haya muerto. ¿Por qué tomarán drogas esas muchachas? No puedo comprenderlo.
-¿Supone usted que era aficionada a las drogas?
-Sería difícil asegurarlo. De todos modos, no las tomaba en inyectables, pues en su cuerpo no advertí los pinchazos. Seguramente las tomaba por vía bucal. La camarera me dijo que solía dormir bien, pero las criadas nunca saben nada de estas cosas. No tomaría veronal cada noche, pero sin duda lo tomaba de cuando en cuando.
-¿Qué le hace a usted creer eso?
-Esto.... -y buscó algo a su alrededor-. ¿Dónde diablos lo puse...? -escudriñó en un maletín-. ¡Ah! Aquí está -dijo al fin sacando un pequeño monedero de señora, de tafilete negro-. Esto es para el Juzgado, ¿comprende usted? Me lo traje para que la criada no husmease en él.
Y abriendo el bolso, sacó una cajita de oro, que tenía sobre la tapa, formadas con rubíes, las iniciales C. A. Era una joya valiosísima. El doctor la destapó. Estaba casi llena de unos polvos blancos.
-Veronal -dijo brevemente el anciano-. Ahora vean lo que hay escrito dentro de ella
En la parte interior de la caja, grabada en ella, veíase la siguiente inscripción:
A C. A. de D.


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