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La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.43

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Llegamos a Rosedew Mansions, Poirot bajó del taxi, pagó al chófer y entró apresuradamente en la casa. La habitación de miss Adams estaba en el primer piso, como nos informó una tarjeta de visita clavada en una tablilla.
Poirot subió rápidamente la escalera sin esperar el ascensor, que en aquel momento estaba en uno de los pisos superiores.
Era tal su impaciencia, que golpeó la puerta después de tocar el timbre. Pasó un rato hasta que abrió la puerta una pulcra mujer de mediana edad, con el cabello echado hacia atrás. Sus párpados estaban enrojecidos, como si hubieran llorado mucho.
-¿Miss Adams? -preguntó ansiosamente Poirot. La mujer le miró.
Su rostro se había puesto mortalmente pálido, comprendiendo que aquello, sea lo que fuere, era lo temido por él.
La mujer continuó moviendo lentamente la cabeza:
-Miss Adams ha muerto. Murió mientras dormía. ¡Ah, es horrible! Poirot se apoyó en el quicio de la puerta.
-¡Demasiado tarde! -murmuró.
Su agitación era tan visible, que la mujer le miró con mayor atención.
-Usted perdone. ¿Era usted amigo suyo? No recuerdo haberle visto nunca por aquí.
Pero Poirot no contestó a aquella pregunta, sino que dijo rápidamente:
-¿Llamaron ustedes a un médico? ¿Qué ha dicho?
-Qué tomó una dosis excesiva de un soporífero. ¡Oh, pobrecilla! ¡Una muchacha tan joven y bonita! ¡Qué cosa tan peligrosa son las drogas! El médico dice que tomó veronal.
De pronto, Poirot se irguió, y, autoritario, dijo:
-Debo entrar en la casa.
Veíase claramente que la mujer dudaba
-No sé... -empezó a decir.
Pero Poirot tomó el único camino que podía conducirle al resultado apetecido.
-Tiene usted que dejarme pasar, porque soy detective y debo investigar las circunstancias de la muerte de su señorita.
La mujer, por fin, se apartó y entramos en el piso. Poirot comenzó a hacerse dueño de la situación.
-Todo cuanto le he dicho -siguió autoritariamente- debe quedar entre nosotros, no debe repetirlo a nadie, ¿oye usted? Todo el mundo debe seguir creyendo que miss Adams ha fallecido de muerte natural. Haga el favor de darme el nombre y dirección del médico que llamó usted.
-Es el doctor Heath, Carlisle Street, diecisiete.
-Ahora déme su nombre.
-Alice Bennet.
-Por lo que he podido apreciar, parece que quería usted mucho a miss Adams, miss Bennet.
-¡Oh, ya lo creo! Era una joven tan bondadosa... Estuve a su servicio el año pasado, cuando vino aquí.


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