La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.36
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Lo vieron por última vez minutos después de las nueve, cuando abandonó la mesa. El mayordomo le llevó whisky y soda a la biblioteca. A las once, cuando el criado se fue a acostar, la luz estaba apagada; por tanto, debía de haber muerto ya, pues no iba a estar allí a oscuras.
Poirot asintió pensativamente. Poco después llegábamos a la casa. Nos abrió la puerta el agraciado mayordomo.
Japp tomó la delantera y entró el primero; Poirot y yo le seguimos. La puerta quedó abierta hacia la izquierda y el criado permaneció en pie junto a la pared de ese mismo lado. Poirot iba a mi derecha, y como era más pequeño que yo, sólo cuando estuvimos en el interior del vestíbulo se fijó en el mayordomo. Oí una ahogada exclamación a mi espalda, y al volverme rápidamente, sorprendí al mayordomo mirando a Poirot con un gran espanto reflejado en su rostro. Apunté el hecho en mi mente, por lo que pudiera ser. Japp entró en el comedor, que quedaba a la derecha del vestíbulo, y llamó al criado.
-Ahora, Alton, deseo que se explique usted bien, con la mayor precisión posible. ¿Eran las diez cuando llegó aquella señora?
-¿La esposa de lord Edgware? Sí, señor.
-¿Cómo la conoció usted? -preguntó Poirot.
-Dio su nombre, señor, además, había visto otras veces su retrato en los periódicos, y también la había visto trabajar. Poirot se inclinó.
-¿Cómo iba vestida?
-De negro, señor. Un traje de calle negro y un sombrerito negro; llevaba también un collar de perlas y guantes grises. Poirot miró interrogadoramente a Japp.
-En la fiesta lucía un traje de noche de tafetán blanco y una capa de armiño -bisbiseó este último, brevemente.
El mayordomo repitió su relato tal como nos lo había ya contado Japp.
-¿Vino alguien más a visitar a su señor durante la noche? -preguntó Poirot.
-No, señor.
-¿Cómo se cierra la puerta de la calle?
-Tiene cerradura Yale. Corrientemente, cuando me voy a acostar, echo, además, el cerrojo; eso suele ser allá a las doce. Pero la última noche miss Geraldine estaba en la Ópera, de modo que quedó sin los cerrojos.
-¿Cómo estaba cerrada esta mañana?
-Perfectamente cerrada, señor; miss Geraldine debió de echar los cerrojos cuando volvió del teatro.
-¿Cuándo volvió? ¿Lo sabe usted?
-Serían aproximadamente las doce menos cuarto.
-Entonces hasta las doce menos cuarto la puerta de la calle no podía ser abierta por fuera sin llave; pero, en cambio, por dentro podría abrirse con sólo tirar del pestillo, ¿no es eso?
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