La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.34
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-No deben romperse los compromisos adquiridos, señora. Es usted demasiado aficionada a hacerlo. La gente no puede olvidar tales desaires y acaba una por hacerse desagradable.
Jane cogió el sombrero que se estaba probando cuando entramos, y se lo volvió a probar.
-Odio todo lo negro -dijo, desconsolada-. Nunca me he puesto un traje de ese color, pero comprendo que una viuda correcta debe vestirse así -y añadió con volubilidad-: ¡Ah!; estos sombreros son horribles. Telefonee a otra casa de modas. Por lo menos, quiero salir a la calle de una manera decente.
Poirot y yo salimos en silencio de la habitación.
CAPÍTULO SIETE
LA SECRETARIA
Aún no estábamos libres de Japp. Una hora más tarde reapareció, y tirando su sombrero sobre la mesa, aseguró que pesaba sobre él una terrible y abominable maldición.
-¿Ha terminado usted las investigaciones que quería hacer? -preguntó Poirot con simpatía.
El inspector asintió tristemente:
-Sí, y a menos de que catorce personas mientan, resulta que no ha sido ella quien mató a lord Edgware -gruñó Japp. Y continuó-: La verdad es que no se comprende que haya sido otro el autor del crimen. La única persona que tenía algún motivo para hacerlo era ella.
-Yo no diría eso. Mais, continuez.
-Esperaba encontrar alguna pista -siguió el inspector-. Ya sabe usted que la gente de teatro es capaz de dejarse matar por salvar a un amigo. Pero éste es un caso distinto. Los invitados a la fiesta de anoche son personas de posición. Ni siquiera eran particularmente amigos de ella. Y algunos ni se conocían entre sí. Su testimonio es, pues, imparcial y digno de crédito. Yo esperaba comprobar que habría abandonado la fiesta durante media hora o más. Hubiese podido hacerlo fácilmente con cualquier pretexto. Pero no, sólo se apartó de la mesa para contestar una llamada telefónica, y aun entonces, el criado estuvo junto a ella, como él mismo nos lo ha dicho, y la oyó decir «Si, muy bien; yo soy lady Edgware», e inmediatamente colgaron el aparato. ¡Qué cosa más extraña!
-¿Era hombre o mujer quien llamó?
-Creo que me ha dicho que era mujer.
-Es raro -dijo Poirot, pensativo.
-Eso no tiene importancia -dijo Japp, impaciente-; vayamos a lo que interesa. La noche transcurrió tal y como ella nos dijo. Llegó a casa de Corner a las nueve menos cuarto y se marchó a las once y media, llegando al hotel a las doce menos cuarto.
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