La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.28
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-Lord Edgware no me llamó; fui yo quien solicité de él una entrevista.
-¿Sí? ¿Para qué?
Poirot dudó un momento.
-Contestaré a su pregunta -dijo lentamente-, pero sólo cuando yo lo crea oportuno.
Japp lanzó un gemido. En aquel momento no sentía gran simpatía por él. A veces Poirot se ponía insoportable.
-Si usted me lo permite, voy a telefonear a cierta persona -dijo mi amigo.
-¿De quién se trata? -preguntó el inspector.
-De míster Bryan Martin.
-¿El artista de cine? ¿Y qué tiene que ver ese hombre con todo esto?
-Creo que le parecerán a usted interesantes las explicaciones de ese señor... Y hasta puede que le sirvan de ayuda -y añadió, dirigiéndose a mí-: ¿Quieres hacer el favor de telefonear tú?
Cogí el listín y busqué el número. El actor vivía es una casa cerca de St. James Park. Llamé:
-Victoria, cuatro-nueve-cuatro-nueve-nueve.
Al cabo de unos minutos me contestó la adormilada voz de Bryan Martin:
-Dígame, ¿quién habla?
-¿Qué le digo? -pregunté, tapando el auricular con la mano.
-Dile -dijo Poirot- que han asesinado a lord Edgware y que le agradecería mucho que viniese en seguida.
Repetí las palabras de mi amigo y percibí una exclamación:
-¡Dios mío!, por fin lo ha hecho. Voy en seguida.
-¿Qué ha dicho? -preguntó Poirot.
Le repetí la exclamación de Bryan Martin.
-¡Ah! -Poirot parecía contento-. «Por fin lo ha hecho.» Conque ha dicho eso, ¿eh? Entonces es lo que me figuraba.
Japp le miró con curiosidad.
-No le entiendo, Poirot. Primero habla usted como si estuviese convencido de que no es ella la culpable, y ahora me sale con que ya lo sabía.
Poirot sonrió.
CAPÍTULO SEIS
LA VIUDA
Bryan Martin hizo honor a su palabra. Aún no habían pasado diez minutos, cuando ya estaba con nosotros. Mientras aguardábamos su llegada, Poirot no habló más que de cosas triviales, negándose en absoluto a satisfacer la curiosidad de Japp.
No cabía duda de que nuestras noticias habían impresionado hondamente al actor. Su rostro estaba pálido y un vivo temblor agitaba su cuerpo.
-Pero ¿es posible lo que me han dicho, monsieur Poirot? -exclamó mientras le estrechaba la mano, y añadió-: ¡Es terrible! Estoy trastornadísimo, no sé lo que me pasa. ¡Oh! Estoy verdaderamente consternado. Siempre creí que sucedería algo semejante. ¿Recuerda usted que se lo dije ayer mismo?
-Mais oui, mais oui -dijo mi amigo-. Recuerdo perfectamente todo lo que dijo usted ayer -y añadió-: Le presento al inspector de Policía Japp, que está encargado de la investigación de ese suceso.
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