La muerte de Lord Edgware (Agatha Christie) - pág.26
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De un modo mecánico, Poirot lo ordenó y empezó a pasar la vista por él. Aunque sus ojos parecían fijos en el periódico, su cerebro estaba ausente, tratando de componer algún extraño rompecabezas.
-Todavía no me ha contestado usted -dijo al poco rato-. ¿Cuál es el motivo de su visita?
-El haberme enterado de que usted estuvo ayer por la mañana en Regent Gate. En cuanto he sabido eso, me he dicho: «Lord Edgware llamó a Poirot. ¿Por qué? ¿Sospechaba algo? ¿Qué temía? Antes de hacer nada en definitiva, será mejor hablar con él.»
-¿Qué quiere usted decir con ese «nada en definitiva»? Se refiere al arresto de lady Edgware, ¿verdad?
-Sí.
-¿No la ha visto todavía?
-¡Usted dirá! Lo primero que he hecho ha sido ir al Savoy. No iba a exponerme a que escapase.
-¡Ah! -dijo Poirot-. Entonces usted... -se detuvo. Sus ojos, que habían estado durante ese tiempo fijos pensativamente en el papel, adquirieron en aquel momento una expresión distinta. Levantó la cabeza y añadió en otro tono-: ¿Y qué le ha dicho a usted?
-Le he hecho las preguntas de rigor, aunque no esperaba ninguna declaración de importancia.
- ¿Y qué más? Siga usted.
Se puso hecha una loca. Se retorció los brazos, se llevó las manos a la garganta y al fin se desmayó. ¡Ah! Eso sí, debo confesar que lo hizo admirablemente, fue una magnífica escena de cine.
-¿De modo -dijo Poirot- que usted cree que esa crisis nerviosa ha sido una comedia?
-Pero ¿acaso ha creído usted que a mí se me puede engañar de esa manera? ¡Que si era fingida!
-Sí -dijo Poirot pensativamente-; eso es muy posible. ¿Qué más?
-¡Oh! Después empezó, fingiendo de nuevo, claro está, a exhalar quejidos y ayes lastimeros, siendo necesario hacerle aspirar sales y no sé cuántas cosas raras más. Por fin, se rehizo lo suficiente para llamar a su abogado, asegurando que no pronunciaría ni una sola palabra sin que él estuviese presente. Un momento antes se retorcía en espasmos histéricos, e inmediatamente después llamó a su abogado. ¿Le parece a usted lógico ese proceder?
-En este caso, yo diría que es completamente lógico -dijo lentamente.
-¿Por ser ella la culpable, quiere usted decir?
-No es eso. Lo que yo quiero decir es que cuanto hizo obedeció a su temperamento. Al principio se condujo ante usted como una viuda de melodrama al enterarse de que habían asesinado a su marido.
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